Celedón ha hecho una casa nueva...

La Banda Municipal de Música ensaya la pieza que tantas veces interpreta en fiestas. / Rafa Gutiérrez

Se cumple un siglo del vibrante pasacalle de San Miguel, elevado a la categoría de himno de la ciudad

José Ángel Martínez Viguri
JOSÉ ÁNGEL MARTÍNEZ VIGURI

Celedón ya se iba de parranda por las callejuelas con tasca de la Vitoria del siglo XIX. Se conocían casi todos en una colina que dejaba de ser aldea para ensancharse. Nuestro estimado personaje hizo de albañil con estancia en la 'Zapa' y de su destreza nació la tonadilla popular imperecedera. «Celedón ha hecho una casa nueva, Celedón con ventana y balcón», se sigue cantando siglo y medio después. Era de trato afable y gustaba de darle al pimple. No seré yo quien le acuse de borrachín, pero otra malvada letrilla ya aludía a su querencia por «el vino y el ron», precisamente.

Fue tan archiconocido que quedó inmortalizado en la primera comparsa de gigantes y cabezudos, en 1917. A Celedón, uno de los cuatro nanetes, se le vistió con chaqueta larga y boina. Con el tiempo se adulteró el atuendo, pero se hizo la sensatez al recuperarse el que aún hoy le distingue. El periodista Ángel Eguileta, 'Un aldeano', inquieto por cuanto acontecía en su amada ciudad, demandaba un acompañamiento musical a la comitiva de desigual altura. Así que convenció a su amigo Mariano San Miguel, compositor de Oñate pero vitoriano de vocación, que se puso manos al pentagrama.

2 de agosto de 1918

El virtuoso clarinetista, entre los mejores del mundo, creó un pasacalle al que llamó Celedón en homenaje al célebre tipo, una melodía en la que incluyó parte de la Retreta, el 'Artola'k dauka' -luego popularizado con el 'Uno de enero...' pamplonés- y la cancioncilla del XIX. Firmó la partitura el 16 de junio de 1918. Pero faltaba el gran día, el del estreno. El viernes 2 de agosto, víspera de La Blanca, la Banda Municipal de José Escoriaza, en presencia del autor, interpretó la pieza por primera vez en el quiosco de la plaza Nueva, hoy de España. Eran las diez y media de la noche. El público celebró con inesperado entusiasmo vitoriano lo escuchado y hasta arrancó un bis. Los cabezudos, como si vinieran de merendar de Betoño, mojados por la lluvia que acababa de cesar, bailaron enloquecidos. Uno se precipitó sobre el respetable y otro, al salir hacia Postas, rompió una bombilla que, por descontado, no pagó. Mientras, del cielo brotaban asombrosos artificios de Policarpo Martínez de Lecea.

Mariano San Miguel Urcelay

Nació en Oñate.
El 8 de diciembre de 1879 y falleció en Vitoria el 7 de octubre de 1935. Una placa del Ayuntamiento le recuerda en la calle Olaguíbel, 4. Está sepultado en Santa Isabel.
Clarinetista.
Mamó la música de su padre Matías. Perteneció a la banda del Regimiento de Zapadores-minadores y fue clarinete primero del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos. Clarinete solista en la Capilla Real y primero en el Teatro Real. También compuso una marcha dedicada a la Virgen Blanca, estrenada en la Procesión de los Faroles de 1902.

Hoy, cien años después, San Miguel se asombraría, como sus vecinos, del éxito de aquel su genial invento. Su Celedón, el Celedón alavés -también con él arrancan las fiestas de Laguardia-, es algo más que una canción alegre y vibrante, la pieza imprescindible en el repertorio de la Banda. Es el himno de Vitoria, esencia de lo nuestro, como La Blanca, el Alavés, la Batalla, la calle Dato o los blusas.

Al día siguiente del debut ante el Ayuntamiento, el Celedón se dejó sentir de nuevo, muy de mañana, en las dianas. Habría que decir que más bien tronó, tronó en el Hospicio de Nueva Dentro. Los músicos irrumpieron en el desayuno de los asilados, que lo dejaron todo para brincar. La banda respondía, simplemente, al espíritu humilde de lo que había gestado San Miguel.

La letra, en 1921

El compositor guipuzcoano, que vino a curarse a Vitoria y acabó muriendo en ella en 1935 -diecisiete años después de su obra-, brindó su música en homenaje a quien lo había acogido. «Al pueblo de Vitoria, en la representación del vitoriano más castizo, Ángel Eguileta», encabezó su libreto. Costeó de su bolsillo la tirada de unos ejemplares de la partitura, ilustrada la potada con una foto de Enrique Guibea de los gigantes y cabezudos. El folleto se vendió a una peseta y lo recaudado se destinó al gargantúa que completó la comparsa.

El Celedón nació sin letra. Fue el propio músico quien se la añadió en 1921, para lo que se valió de distintas canciones populares, entre ellas aquella que decía «Celedón ha hecho una casa nueva...» del XIX. Muy babazorra ella, la primera voz se la puso la Coral Vitoriana en el Nuevo Teatro -hoy Principal- el 6 de agosto, acompañada de la banda de Ingenieros de Madrid. Esta tarde, una Virgen Blanca abarrotada entonará el Celedón. Pero que sepa que la letra, la gran desconocida, va más allá de la casa nueva con ventana y balcón.