Los artesanos de La Blanca critican al Ayuntamiento por trasladarles al paseo Carmelo Bernaola

Una clienta comprueba ante el espejo cómo le sientan unos pendientes./Iosu Onandia
Una clienta comprueba ante el espejo cómo le sientan unos pendientes. / Iosu Onandia

«Cada año estamos más apartados; aquí nadie nos ve», subrayan

Judith Romero
JUDITH ROMERO

El año pasado se trasladaron a apenas 200 metros de su lugar habitual, pero los artesanos y vendedores que hacen posible la feria de La Blanca aseguran que trabajar en el paseo Carmelo Bernaola les está pasando factura. «Cuando estábamos en el paseo de la Senda al menos nos veían quienes estaban por La Florida, pero estas fiestas se han acabado sin que muchos vitorianos sepan que estamos aquí», lamentaba ayer José Luis Ortega, uno de los cincuenta comerciantes instalados en esta calle desde el 24 de julio.

«La localización no es mala, es fatal», secundaban Concha González, al frente del taller Pintatelas, y Pove, del puesto de artesanía en plata Montserrat Bordelet. Ortega, experto en marroquinería, visita las fiestas de Vitoria desde hace 20 años desde Logroño y recuerda los tiempos en los que el mercado tenía lugar en el parque de La Florida. «Nos poníamos en el lateral más cercano a la carretera y se estaba bien, pero cada vez pagamos más y estamos más lejos», subraya González.

El mercado ha pasado de tener 85 puestos a mantener 50, y cada uno de estos artesanos abona una cuota de 1.200 euros para poder disfrutar de una concesión entre el 24 de julio y el 9 de agosto. «El mejor día fue el miércoles, pero pasa tan poca gente por aquí que resulta difícil sacar beneficios si encima tienes que costearte una pensión donde dormir», explica Pove, llegado desde Vic con su negocio de joyas de plata. «Seguimos viniendo porque tenemos que ganarnos la vida y tenemos una clientela que nos espera, pero nos cuestionamos si realmente merecen la pena estos 17 días», confiesa.

Incumplir la normativa

Además de verse afectados por su localización, algunos artesanos denuncian que la falta de inspecciones hace que algunos puestos no cumplan la normativa. «Cuelgan sus cosas en el exterior tapando a otros puestos y se han dado casos de venta de juguetes tóxicos para los niños», sostienen. Los únicos conformes con el paseo Carmelo Bernaola son quienes, como Inma de cosméticos Nihsima y Ángel de accesorios para el pelo Indira, visitaban la feria por primera vez. «No nos ha ido mal y seguro que volveremos».

 

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