Así eran las tabernas de Bilbao en los años 40

Taberna en el Casco Viejo de Bilbao, 1948./Foto LUX, Vida Vasca nº 25.
Taberna en el Casco Viejo de Bilbao, 1948. / Foto LUX, Vida Vasca nº 25.

Rescatamos hoy algunas de las primeras fórmulas culinarias escritas en Euskadi, tan actuales y sabrosas hoy en día como lo fueron hace 150 años

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

¿Cómo eran los bares bilbaínos hace 80 años? Ahora que tanta gente se lamenta de la proliferación de bares de diseño y fotocopiadas tascas neo-rurales (por no hablar de que la mitad de las que abren pertenecen a algún grupo o franquicia), parece sobrevolar una incierta nostalgia por esas tabernas antiguas que no hemos llegado casi ni a oler. Aquellas de barra de zinc, jamones sudorosos colgando y pintxos no minimalistas sino escuetos, de cuando lo habitual era pedir un grillo, un bilbainito, una gilda o un champi plancha para acompañar el pote.

Queda poca gente que recuerde esos vetustos tascones, representados actualmente como único superviviente por la bodega Palas, en el número 3 de Pozas. Desgraciadamente el ambiente txikitero de canciones polifónicas también va decayendo, de manera que dentro de poco la única manera de recrear el viejo Bilbao parrandero será recurriendo a la documentación. De esa misma manera podemos conocer cómo eran las tabernas bilbaínas en los años 40, gracias a un artículo publicado en la revista 'Vida Vasca' en 1948. Escrito por Damián Roda, repasaba los tipos de establecimientos del Casco Viejo donde se podía empinar el codo con o sin moderación porque los vecinos del Botxo bebían «prolija y ritualmente, como bebieron siempre los pueblos que necesitaron sosegar así el ímpetu de su vitalidad poderosa».

Taberna de tipo primitivo.
Taberna de tipo primitivo.

Dividía el autor las tabernas de la ciudad en tres tipos representados por tres fotografías que servían de orientación. Las tascas más típicas y de rancia solera bilbaína estaban en el Casco, incluyendo San Francisco y Atxuri. «Paloca, la Quela, Ochoa, Heredia y El Marquinés son nombres de auténtica resonancia en la antología báquica». De estilo primitivo y tal cual como sino hubiera llegado a ellas el siglo XX, este tipo de tascas no solían tener más que un mostrador de madera y un par de mesas con bancos además de pellejos de vino y jarras desportilladas

Un bar de la categoría intermedia.
Un bar de la categoría intermedia.

Las de tipo intermedio, en el que podríamos enclavar al Palas y otros clásicos como la Viña del Ensanche o el Bilbao, eran ya locales grandes y saneados con mostrador de mármol o metal, suelos de baldosa y mesas individuales o para grupos, con «un atisbo de belleza suntuario en las anaquelerías cargadas de botellas, aparatos de luz, radio y teléfono, un latido de arte mural más o menos afortunado».

Ejemplo de bar de lujo.
Ejemplo de bar de lujo.

Por encima de ellas estaba el bar americano o inglés, un establecimiento de lujo con todas las modernidades y decorado al detalle, semejantes al bar de la Sociedad Bilbaína o su antiguo y añorado vecino La Concordia. «Mármoles y bronces, barra dorada y maderas nobles primorosamente trabajadas, frescos pompeyanos y luces indirectas, calefacción y música de jazz. La taberna se pone aquí su traje de teatro y aunque el fin sea el mismo, no ha de negarse que hay en sus modales rango y distinción». En este tipo de locales se servían cócteles y licores de importación y a ellos acudían los herederos de grandes fortunas o quienes querían impresionar a los amigos —-o a una posible y pretendida pareja- a base de gin-tonics y whisky-sours.

Eran las tabernas de clase media y baja el ámbito natural del vino de Rioja y del txakoli, servido aún en vaso de culo gordo. Los vasos de 600 gramos cada uno no volverán, que salen muy caros, pero podríamos ir ensayando alguna bilbainada cantada a coro, para que no se acaben perdiendo ellas también.

 

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