Sobredosis de zapatillas deportivas

Sobredosis de zapatillas deportivas

Una vida sana requiere ejercicio sí o sí, pero su exceso puede debilitar nuestro sistema de defensas hasta el punto de llevarnos a enfermar. La mesa nos ayuda a reforzarlo

FERMÍN APEZTEGUIA

El ejercicio no siempre resulta saludable. No se lleve a engaño. Una vida sana requiere considerar la práctica de actividad física como una parte esencial de la dieta. No basta con frutas, verduras y pescado (sin olvidar, en su justa medida el resto de los alimentos), sino que es absolutamente necesario combinar una manduca sana con un movimiento acorde de huesos y músculos. Pero, eso sí, sin pasarnos, que en exceso el mejor tratamiento puede convertirse en un letal veneno. Cada vez más investigaciones apuntan a que ejercitarse demasiado, o sin el debido control, debilita el sistema de defensas hasta el punto de exponer al deportista a un mayor riesgo de contraer infecciones víricas. Por suerte, la mesa tiene respuestas para combatir los 'efectos adversos' de las zapatillas deportivas.

«Varios estudios con deportistas de élite revelaron que todos ellos presentaban bajo niveles de anticuerpos», después de someterse a grandes esfuerzos, como entrenamientos y competiciones oficiales. Eso significa que «presentaban un mayor riesgo de contraer infecciones víricas», afirma la dietista catalana Marta González del centro medico Ocimedic de Barcelona, que ha publicado un informe sobre la materia en la revista 'Dieta Sana', que publica la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria.

Vitaminas y minerales

Fatiga, mala cicatrización de heridas, dolores musculares, fragilidad del cabello y la aparición de úlceras bucales y reiteradas infecciones en cortos espacios de tiempo son síntomas clarísimos de que la inmunidad ha comenzado a debilitarse. La alimentación tiene respuesta para resolver este desaguisado. El seguimiento de una dieta equilibrada, que aporte los nutrientes necesarios para el buen funcionamiento del sistema de defensas, es posiblemente la mejor decisión terapéutica que puede adoptarse en una situación así.

El cuerpo necesita en este momento, más que nunca, vitaminas de los grupos A, B, C y E. La A, básica en el funcionamiento y desarrollo del sistema inmune y de los procesos naturales relacionados con él, como la formación de la piel y el crecimiento, se encuentra en el hígado, paté, pescado azul, la yema del huevo y los mariscos. También en las frutas y verduras frescas de color rojo, naranja o verde oscuro, como son los albaricoques, melocotones, el melón, ciruela, mango, fresa, la zanahoria, calabaza, tomate, pimiento rojo, la lechuga, escarola y las espinacas.

La vitamina B está presente en la mayoría de los alimentos de origen tanto vegetal como animal. La C está en los cítricos, especialmente en la naranja, el limón, la mandarina, lima y determinadas hortalizas y cereales germinados, como arroz, trigo, maíz, avena, centeno, muesli o quinoa. Por último, la E está presente en los aceites vegetales y las semillas y frutos secos.

Lleve una vida relajada

La especialista también considera necesario vigilar la ingesta de minerales y en especial de cuatro de ellos. Podemos encontrar hierro (favorecedor de la proliferación celular) en las carnes, especialmente las rojas, y el pescado; zinc en el marisco, huevos y legumbres; selenio (fundamental para la inmunidad) en todos ellos y manganeso en las verduras, frutos secos y cereales integrales.

La dietista catalana recomienda, en resumen, llevar una dieta variada, que no excluya alimento alguno, y que se recurra a productos de temporada, más frescos y, por tanto, con más nutrientes. También ayuda dormir lo suficiente y llevar un ritmo de vida relajado. No siempre es posible, pero es lo necesario.