Bar Royal, el primer local vitoriano de tapas y pinchos

Composición con antigua publicidad del Bar Royal, Vitoria. /Ana Vega.
Composición con antigua publicidad del Bar Royal, Vitoria. / Ana Vega.

En 1922 abrió en Vitoria este bar que, a semejanza de los colmados andaluces, ofrecía unos novedosos aperitivos que empezaban a conocerse como «tapas»

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

No se imaginan lo difícil que es seguir la pista histórica de nuestros pintxos: aunque ahora nos parezcan indisolublemente unidos a la gastronomía vasca, esta palabra (entonces escrita con ch) comenzó a utilizarse únicamente a partir de los años 60 y no únicamente aquí, sino en numerosos lugares de España. Se asume comúnmente que los pinchos y banderillas comenzaron a popularizarse en San Sebastián en los años 30, pero ahí hay dos errores. El primero, que no existen pruebas documentales que sustenten tal afirmación, y el segundo, que acompañar la bebida con algo de picoteo es más viejo que la tos y ya se hacía en los chacolís y sidrerías vascas del siglo XIX.

Lo que fue nuevo fue la adopción en bares y tabernas de platitos o bocados en forma de pequeño piscolabis y como reclamo principal a los consumidores. Esto ocurrió en los primeros años 20, al adoptarse en casi todo el país una moda andaluza que con el nombre de «tapas» (documentadas desde 1903 en Sevilla), preconizaba un nuevo estilo en hostelería. Y de momento, el primer bar que sepamos que sirvió tapas como tales en el País Vasco no fue uno donostiarra, sino vitoriano.

Anuncio del Bar Royal y sus tapas, 20 de enero de 1923.
Anuncio del Bar Royal y sus tapas, 20 de enero de 1923. / Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

En concreto el bar Royal de la calle Florida, un establecimiento inaugurado el 4 de agosto de 1922 con «música, bailoteo, gran concurrencia y mucha alegría», como detallaba el periódico La Libertad. El Royal fue obra de dos socios llamados Florentino Merino y Eladio Galán, que en el número 32 de la Florida (luego fue el 28) quisieron abrir un local a imagen y semejanza de los famosos colmados andaluces que triunfaban en Madrid y otras grandes ciudades. Lo que caracterizaba a este tipo de bares era su decoración, normalmente inspirada en tópicos andaluces, la presencia de música en directo y la oferta, basada en vinos del sur y tapas de cocina.

No sabemos qué aspecto tenía el Bar Royal, pero sí que organizaban habitualmente conciertos de música flamenca (en otoño de 1922 por ejemplo tuvieron al guitarrista Juan Gabarrí) y que según un anuncios suyos aparecidos en 1923 servían pescados fritos al estilo de Andalucía, como soldaditos de Pavía, bocadillos a 25 céntimos y un pack llamado «Royalits» que por 15 céntimos ofrecía al cliente un trago de vino, pan y jamón.

Las bebidas también seguían la moda andaluza, tan popular en aquellos tiempos, y el Royal presumía de un «magnífico y nuevo servicio en Vitoria de Manzanilla, Montilla y Málaga, servidos directamente del barril en chatos con sus correspondientes tapitas». Igualmente en su barra se consumía vermouth (aún novedoso por aquellas alturas) y vino de Rioja, concretamente a 60 céntimos el litro.

En 1924 los dueños del Royal, quienes también tenían participación en el Café Suizo de Dato, abrieron una sucursal en el parque de la Florida. «El Cisne» fue el nombre que recibió este kiosco en el que se podían disfrutar las mismas tapas que en la sede central además del típico zurracapote. El Bar Royal sobrevivió al menos hasta 1932, cuando aparece en varias guías comerciales como propiedad únicamente de don Eladio Galán, pero nada he podido encontrar de él a partir de esa fecha. Si saben ustedes algo, no duden en chivármelo: el pionero del tapeo en Euskadi lo merece.