Rossini en los fogones

Los camareros emplatan el tournedó Rossini servido durante la cena en la Sociedad Bilbaína./
Los camareros emplatan el tournedó Rossini servido durante la cena en la Sociedad Bilbaína.

La Bilbaína conmemora el 150 aniversario de la muerte del compositor con una cena basada en los platos que ideó

ELENA SIERRA

Muchas de las óperas del gran Gioachino Rossini aluden a la cocina: o las escenas se desarrollan entre fogones o se mencionan platos. Y es que la otra gran afición del autor de 'El barbero de Sevilla' o 'La Cenerentola' fue la gastronomía, pues sin duda fue un gourmet o un foodie antes de que esas palabras fueran de uso común. El compositor de Pésaro es el autor de platos reconocidos que llevan su apellido, delicias culinarias que la Sociedad Bilbaína llevó a la mesa en la gala del socio, una cena-baile organizada con el fin de homenajear al músico en el 150 aniversario de su fallecimiento, ocurrido en París el 13 de noviembre de 1868, cuando contaba 76 años.

El acto tuvo lugar durante la noche del viernes pasado y el menú sonó tan alegre como la obertura de 'El barbero' y tan animada como la carga de caballería con la que se reconoce al tema inicial de 'Guillermo Tell'. Los socios de la Bilbaína, club fundado en 1839, degustaron canelones (rellenos de jamón, carne picada, laurel y parmesano), corvina en hojaldre al gusto y tournedó (solomillo, foie y trufa), platos que han quedado para la historia por su apellido: Rossini. Y de postre, mousse de trufa. Para mantener la línea de fidelidad hacia Italia, los vinos fueron Prosecco Colvendrà Docg, Rémole 2016 y aguas minerales, y como de remate, Grappa Nonino y Limoncello de Sorrento.

El menú incluyó un pequeño guiño del chef de la Bilbaína, Carmelo Bengoechea, quien apela a la pasión de los vascos por el pescado al 'inventarse' la receta de corvina. Rossini no creó ningún plato de frutos del mar pese a que consta que era un gran consumidor de pescado, y el cocinero mezcló nuestro género, la cocina local y el gusto del compositor, que quedó definido por una de sus frases: «El apetito es la batuta que dirige la gran orquesta de nuestras pasiones».