Vida de veraneante en el Embarcadero de Getxo

Vida de veraneante en el Embarcadero de Getxo
MAITE BARTOLOMÉ

El veraneo chic de los años 20 se actualiza con referencias exóticas en esta espectacular mansión getxotarra

GUILLERMO ELEJABEITIA

Probablemente se trata de uno de los únicos paseos marítimos del mundo en el que la gente no mira al mar, porque se queda boquiabierta admirando las imponentes mansiones de la burguesía. En esa caminata que va desde el Puente Colgante hasta el Puerto Viejo, Getxo deja de ser un suburbio acomodado de Bilbao para reencontrarse con su pasado de veraneo chic en la Belle Époque. Aunque sigue conservando algunos espacios emblemáticos de aquellos años, como el Igeretxe o los Tamarises, en el siglo XXI ha seguido sumando nuevos referentes, como el hotel Embarcadero.

Embarcadero (Getxo)

Dirección
Zugazarte, 51 (Las Arenas).
Teléfono
944803100.
Web
hotelembarcadero.com.
Carta
50/60 euros.

El establecimiento gestionado por la cadena Ercilla está ubicado en una espectacular mansión levantada en 1925 por Manuel María Smith, con ese particular estilo –mezcla de regionalismo popular vasco y referencias cosmopolitas, preferentemente británicas– que le convirtió en el arquitecto favorito de la alta sociedad vizcaína en la primera mitad del siglo XX. La casa perteneció a Luis Allende, propietario también de otro de los escasos chalets que quedan en Indautxu –el de la calle Simón Bolívar–, pero luego quedó semiabandonada. Hasta que en 2003 fue sometida a una profunda remodelación para convertirla en hotel de cuatro estrellas.

Casa antigua con muebles de diseño

Desde el principio tuvo la vocación de recuperar el glamour de aquella época dorada, pero actualizándola con espacios acristalados y muebles de diseño, de acuerdo a la moda imperante en la Bizkaia post Guggenheim. En lo gastronómico, también apuesta por esa mezcla de arquitectura clásica y mobiliario moderno, combinando una despensa de lujo con elaboraciones en boga prestadas de cocinas exóticas. El resultado puede no sorprender demasiado, pero convence a su público, formado por turistas tranquilos y vecinos de paladar avezado.

Al timón de los fogones está Miguel Ángel Holgado, con casi 25 años de experiencia en las cocinas del Ercilla. Define su estilo como tradicional con toques sofisticados –«la gente no viene aquí a hacer experimentos»– y eso se traduce en planteamientos clásicos con emplatados floridos apoyados en productos suntuarios. Es el caso de la ensalada de bacalao ahumado, presentada a modo de timbal sobre un tartar de tomate y aderezada con un salteado de perretxikos. O de la gamba roja de Palamós con crema de guisante lágrima, casi una excusa para alardear de despensa. Ambos ingredientes están bien tratados, pero no está claro que hagan buena pareja. Uno los sigue prefiriendo por separado.

Láminas de magret de pato a la naranja.
Láminas de magret de pato a la naranja.

Más académicos resultan el arroz bomba con láminas de pulpo y mahonesa de ajetes tiernos o las láminas de magret de pato a la naranja con compota de manzana y salsa de frutos rojos. Sabroso aunque fuera de contexto el tataki de atún con costra de sésamo y maíz sobre ensalada de alga wakame y agradable final en forma de creme Brûlée, semiesfera de chocolate y helado de fresas.

En definitiva una cocina de corte internacional, emparentada con aquella vieja cocina de hotel, pero adaptada a las modas actuales.