El último gol de Iraragorri

El último gol de Iraragorri
Maite Bartolomé

El caserío familiar del 'Chato de Galdácano' es hoy un encantador hotel donde se come de campeonato

GUILLERMO ELEJABEITIA

Formó parte de la primera delantera mítica del Athletic, marcó el primer gol de la selección española en un mundial y tuvo una dilatada carrera como entrenador antes de colgar las botas definitivamente para retirarse al caserío familiar. Pero la memoria de Josetxo Irararagorri, 'el Chato de Galdácano', sigue marcando goles en la que fue su casa. Hace unos años, sus hijos María y Joseba la convirtieron en un encantador hotel en el que además se come de campeonato. Una pequeña joya gastronómica por la que merece la pena coger el tren en Atxuri y dejarse caer por el barrio de Zuazo.

Petit Komité (Galdakao)

Dirección
Txomin Egileor, 28.
Teléfono
944363601.
Web
iraragorri.net.
Precios
Menú degustación: 43 €. Carta: 35/50 €.

Ocho habitaciones tiene el hotel Iraragorri y ocho mesas su restaurante, bautizado como Petit Komité. Ese era el número que lucía en la camiseta el padre de familia como jugador del Athletic, pero más alla de su valor sentimental, la cifra encaja perfectamente en la filosofía de este establecimiento en el que cada huésped y cada comensal pueden sentirse como en su propia casa.

Decorado con elegancia y mesura por Lázaro Rosa Violán en uno de sus primeros proyectos en Euskadi, el espacio atesora una deliciosa colección de antigüedades e incluye, cómo no, un rincón para el recuerdo con fotos de los triunfos deportivos del patriarca y estampas familiares. La madre, Conchita Bengoetxea, aporta ese calor de hogar que solo la señora de la casa sabe dar a un negocio familiar.

Hospitalidad y elegancia

Los Iraragorri no tenían experiencia en la hostelería pero han sabido rodearse de un equipo de profesionales exigentes que han entendido a la perfección el espíritu hospitalario de los propietarios. El donostiarra Pepe Gómez Blanco despliega en la pequeña cocina de la casa un recetario imaginativo, de fondo tradicional y aires exóticos, en el que la parrilla juega un papel protagonista. En la sala, Jon Nafarrate pone en práctica un servicio eficaz, refinado y discreto, cercano pero sin una gota de impostado compadreo. El resultado es una experiencia gastronómica de alto nivel en un entorno único y a un precio más que competitivo.

El menú degustación comienza con una mousse de foie con frutos secos y confitura de pera y una aceituna rellena de vermú, pareja de aperitivos que dan una vuelta de tuerca a 'lo de siempre'. Les siguen unas croquetas de chuleta que suenan a bilbainada... hasta que se descubre la finura de su bechamel.

El txerri tako thai.
El txerri tako thai. / Maite Bartolomé

La zamburiña a plancha con gel de lulo y crudité de verduras es un bocado golosísimo con un toque tropical y la kokotxa crujiente de bacalao con confitura de limón y puré de coliflor, una acertada combinación de salado y cítrico que mantiene al paladar en permanente estado de excitación.

Entre lo más brillante del menú está la merluza con mole vizcaíno, un sacrilegio para los puristas sobre el papel, que sin embargo despeja dudas al primer bocado. La carne, un 'txerri tako thai' que vuelve a explorar los caminos de la fusión, es otro plato bien resuelto. Pero para los postres dejamos a un lado el mestizaje y nos lanzamos a por el sencillísimo pastel de arroz que cocina cada mañana Conchita para sus huéspedes. ¡Goool!