Taskas (Derio): Lleno, por favor

Ángel Velo posa con su hija Ángela, a la que instruye desde pequeña en el difícil arte de ser buen anfitrión. /G. ELEJABEITIA
Ángel Velo posa con su hija Ángela, a la que instruye desde pequeña en el difícil arte de ser buen anfitrión. / G. ELEJABEITIA

En la gasolinera del aeropuerto se oculta una de las mejores mesas de la región

GUILLERMO ELEJABEITIA

«¿En una gasolinera? ¡Yo en una gasolinera no como ni loco! Anda, vamos a Bilbao y me llevas a un buen restaurante». La escenita la protagonizó un famosísimo chef que acababa de aterrizar en Loiu para la entrega de los premios 50 Best. Su anfitrión quiso gastarle una broma y no le advirtió de que detrás de esa estación de servicio en los alrededores del aeropuerto se esconde uno de los mejores restaurantes de producto de la región. Ni qué decir tiene que, salvadas las primeras reticencias, el afamado cocinero acabó aplaudiendo con las orejas.

Taskas (Derio)

Dirección
Zona industrial Aeropuerto de Bilbao (estación de servicio Avia).
Teléfono
946741210.
Web
asadortaskas.com.
Precios
Menú degustación: 60,50 €. Carta: 60/80 €

La verdad es que el establecimiento de Ángel Velo y familia parece querer jugar al despiste. Para empezar se llama Taskas, cuando de tasca tiene bien poco, y aunque la calidad de su mesa merecería un local en la Gran Vía, él prefiere la discreción de una gasolinera. Esa aparente desidia que muestra en los aspectos que hoy dominan el negocio de la hostelería –ubicación, decorados, marketing– se torna en un cuidadoso esmero cuando se trata de elegir proveedores, abastecer la bodega o agasajar a la clientela. Vamos, el abecé del oficio. Quizá por eso Taskas forma parte de ese circuito de restaurantes poco conocidos para el gran público pero cuyo nombre corre de boca en boca entre los entendidos.

Éxitos probados

Las mesas son amplias, la decoración es simple –compuesta principalmente por botellas de licor– y le colocan a uno un babero antes de empezar el festín. Buen comienzo. Ángel canta el género de viva voz y la boca comienza a salivar. En esa primera conversación el mâitre capta las preferencias del cliente, su disposición a dejarse sorprender o la alegría que muestra ese día su bolsillo. Como es nuestra primera visita, nos ofrece los éxitos probados de la casa.

Primero, un salmón marinado a la naranja que toman como entrante «prácticamente todas las mesas». Textura impecable y un fino equilibrio de salados, dulces y amargos. Velo menciona unos célebres quisquillones a la sartén, pero nos hemos adelantado por unos días a la temporada. Cuando lean estas líneas ya los tendrán en la carta. Aprovechen.

Begihandi a la plancha.
Begihandi a la plancha. / G. ELEJABEITIA

Seguimos con un tomate ecológico de Artziniega –tan en su punto de maduración que para pelarse no necesita ser escaldado– con ventresca de bonito Arroyabe, cebolleta fresca y un chorreón de aceite del valle del Iregua. Una exhibición de proveedores inmejorable.

Probamos también un begihandi a la plancha con verduritas pochadas cocinado lo justo para mantener su tersura y una exquisita morcilla de verduras de Zamudio que merece ser considerada alta cocina. Ojo a la piperrada que la acompaña, porque es mucho más que una guarnición. Rematamos con el emblema de la casa, un rey al horno aderezado con el recurrente refrito de ajo y guindillas, pero tan delicado de sabor y textura que no encubre sino realza al majestuoso pescado.

De postre, una bomba calórica que combina tostada, confitura de manzana, arroz con leche y natillas en el mismo plato, bajo un aspecto aparentemente discreto. Igual que esta mesa de postín, agazapada detrás de una gasolinera.