Sagradito: un oasis tropical en el 'Corazón' de Bilbao

Sagradito: un oasis tropical en el 'Corazón' de Bilbao
MAITE BARTOLOMÉ

Este pintoresco local de Sabino Arana engatusa a una clientela selecta con pinchos ricos, copas bien puestas y ambiente chic

GUILLERMO ELEJABEITIA

Es curioso que junto a uno de los enclaves más bulliciosos de la ciudad se esconda este pequeño oasis. Si camina con prisa por la acera de Sabino Arana puede que ni lo vea, pero la estatua del Sagrado Corazón lo mira de reojo. De ella toma su nombre el Sagradito, un pintoresco local a medio camino entre pub inglés y cafetín tropical que reúne noche sí y noche también a una selecta corte de bon vivants.

Sagradito (Bilbao)

Dirección
Sabino Arana, 3.
Teléfono
944677639.
En Facebook
@elsagradito.
Precios
Emparedado:2,50 €. Tortilla:1,70 €. Combinado o cóctel: 8 €.

A pesar de su tendencia noctámbula, el Sagradito es madrugador. Su ubicación, a la vuelta de la esquina de varias sedes institucionales, lo convierten en el refugio perfecto para el desayuno, el café de media mañana o el tentempié reconstituyente a la hora del aperitivo. Poco después de las 7 comienza el tintineo de tazas y el reparto de jugosos pinchos de tortilla. La que hacen con morcilla de patatera, una especie de chorizo extremeño a base de picadillo y patata, vuela cada mañana nada más pisar la barra.

Emparedados del Sagradito.
Emparedados del Sagradito. / MAITE BARTOLOMÉ

El mostrador no ofrece mucha variedad, solo media docena de cosas sencillas pero bien ejecutadas. Brillan dos o tres tipos de emparedados hechos con mimo y servidos calentitos. El de jamón con huevo frito y tomate es capaz de dibujar una sonrisa en la cara después de una jornada criminal. Ya al filo del mediodía se antoja una buena gilda o un bilbainito para acompañar el vermú. Los dos son banderillas sin complicaciones, pero visto lo visto en otros bares, no está de más resaltar la esmerada selección de los ingredientes.

Ya por la tarde apetece un mojito o una caipirinha que le sientan como un guante a la tropicalia que decora el local. Por la noche, un buen ginto-nic sin demasiadas florituras –«he llegado a tener 25 marcas de ginebra, pero mis clientes la que más piden es MG», desliza el camarero– o un vaso de whisky bien escogido.

Y conversación. Porque da igual que en el hilo musical suene bossa nova o éxitos de los 70, lo mejor del garito es su capacidad para soltar la lengua de la clientela, que ríe a carcajadas, pontifica acodada en la barra o susurra confesiones al oído. Menos mal que lo que pasa en el Sagradito, se queda en el Sagradito.