Mesa (Vitoria): A mesa puesta... desde 1982

Los hermanos Fernando y Antonio Merino Núñez posan en su comedor./Rafa Gutiérrez
Los hermanos Fernando y Antonio Merino Núñez posan en su comedor. / Rafa Gutiérrez

Los hermanos Fernando y Antonio Merino faenan desde hace 36 años en este clásico vitoriano, un restaurante para veteranos con raciones y precios de otra época

Julián Méndez
JULIÁN MÉNDEZ

Me asomé a la carta del Mesa en agosto, dando un paseo en bici, con la curiosidad de conocer el secreto de un restaurante que lleva 36 años ininterrumpidos en boca de los vitorianos de base, que lo tienen como santo y seña para las conmemoraciones.

Me bastó un vistazo. Tras el abanico de colores con los alergógenos, encontré joyas glamourosas. Lenguado al ermitaño. ¿Cómo? Rodaballo con refrito de ajos. Delicias de salmón al cava. ¡¡¡Cóctel de mariscos con salsa rosa!!! Sopa de ajo con huevo y jamón. Pichón estofado. Litiruelas... Ufff. El Mesa era una auténtica mina. La carta parecía un viaje en el tiempo, una de esas aventuras que hacen las delicias de nuestra compañera 'Biscayenne'. No había pijama de postre... Pero anunciaban tarta Contesa, crocanti y tarta helada al whisky.

Mesa (Vitoria)

Dirección
Chile, 1.
Teléfono
945228494.
Web
www.restaurantemesa.com.
Cierra
Miércoles.
Precios
Menú del día: 15 €.

Fernando y Antonio Merino Núñez, naturales de Santa Inés, pueblito al lado de Lerma, gestionan desde el 29 de julio de 1982 este local abierto en una calle perpendicular a la Avenida de Gasteiz. Y lo tienen más que claro desde el principio. Su clientela es veterana y fiel, amiga de darse un capricho con raciones abundantes, sabores reconocibles y a precios ajustados. Las volteretas, para el circo. En Mesa celebran ya las comuniones los nietos de parejas que se casaron entre estas mismas paredes. «Conocemos a los padres, a los hijos, a las novias y las esposas... Hay familias que repiten todos los años. Siempre los mismos... hombre, alguna vez hay huecos... si se separan», bromea Fernando, omnipresente en sala.

Pichones y bodas de plata

En el Mesa festejan bodas de plata, de oro y hasta de platino, los abuelos juntan a la prole para los cumpleaños y los sesentones que ven peligrar su paga se tiran un largo para alborozarse por la jubilación. Cuadrillas que veranean juntas en Benidorm y coinciden en el ambulatorio se saludan entre la decoración: grandes diapositivas con vistas de la ciudad, exóticos y brillantes cuadros de barcazas y románticos puentes...

«El 99% de las cosas se hacen en casa. Pelamos y cortamos las patatas y eso que ahora te las venden de mil formas. Lo mismo con las verduras. Y con los perretxikos... seremos de los que más consumimos en Vitoria», explica Antonio, el cocinero, formado desde la base en el Hotel Alisa de Lerma, en el Ojeda de Burgos y en las cocinas del Hotel Iradier y del Elguea.

Pencas rellenas, una de las señas de identidad de la casa.
Pencas rellenas, una de las señas de identidad de la casa. / J.M.

Hablamos de un tipo de cocina sabrosa que tiene su clientela fiel... Quedó claro en una cazuela de kokotxas de merluza en salsa verde (17 €), rareza absoluta en estos tiempos. Algo parecido sucedió con el pichón estofado. Piezas (pocas, de hasta 400 gramos) que cría una señora en su palomar próximo a Salvatierra y que vende al Mesa, donde las estofan a la vieja usanza: sofrito de cebolla, pimiento y zanahoria y ajitos dorados. Sartén para que se tueste bien, flambeado con coñac y a la salsa... Enjundia, moje que desborda el plato y sabores y apariencias de otro siglo.

«Cada vez ganamos menos todos; la forma de gastar hoy en día es muy diferente a hace 20 años. Si uno se había gastado 100 euros en un menú, el amigo le decía que estuvo en un sitio de 150 y salía otro que había ido al Bulli a pagar 200. Hoy es al contrario: triunfa el que dice 'comí bien por 15 euros'», ilustra el cocinero del Mesa.

Las clientas felicitan a las camareras y alaban con un mohín de saciedad la largueza de las raciones... «Un día es un día», les anima la empleada. «Ya, pero si una se descuida acaba en la UVI». La sirvienta anota los postres: «¿Qué quieres, corazón?», pregunta. «¿Qué tienes rico, cariño?». Así da gusto.

Los postres, caseros, claro. Hacía años que no veía una copa de patxaran con hielo y una botella de coñac sobre el mantel para entablar una sobremesa. Como era antes. ¡¡¡Ah, el lenguado al ermitaño lleva un relleno de verduras, gambas y setas y se hace al horno...!!!

 

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