Restaurantes

Llegó la hora: ¡Descubrimos el chino verdadero!

Codillo Qing Tian/FERNANDO GÓMEZ | E. W. | J. M.
Codillo Qing Tian / FERNANDO GÓMEZ | E. W. | J. M.

Frecuentado por nativos, vecinos de Las Cortes y chefs iniciados en comida asiática, el negocio de la familia Wu permite aproximarse a la auténtica China: patas de pato, medusa, tendones, sopas de fideos...

Julián Méndez
JULIÁN MÉNDEZ

Los cocineros vascos lo llaman 'el chino verdadero' y es una de esas direcciones secretas que corren de boca en boca entre los iniciados. Álvaro Garrido, el Minawarrior, me habló del chino verdadero hace casi un año. Me animé a buscarlo por la calle Iturriza. Pasé por delante, sin verlo, tres veces. Solo dos pegatinas con caracteres chinos sobre los cristales deslustrados daban una pista. Empujé la puerta y vi a una muchacha con sus libros de clase sobre la mesa que, de vez en cuando, se levantaba para explicar en castellano los platos de la carta. Le eché un vistazo al menú y puse los ojos como platos: ¡¡¡patas de pato, tendones de ternera, sopa de tallarines con intestinos, empanadillas a la plancha, callos de cerdo con puerros...!!! Garrido tenía razón: comida china auténtica.

Chino misterioso (Bilbao)

Dirección
Iturriza, 19.
Teléfono
944434848.
Horario
No cierra
No perderse
Ensalada de medusa, sopa china de tallarines, empanadillas a la plancha, costilla agridulce.

Volví este martes. Aluciné. Adiós al enigma. Un enorme cartel rojo y blanco anunciaba desde lejos Restaurante Chino Misterioso. El interior y la cocina seguían igual (menos mal). En vez de la chica, esta vez estaba la abuela sentada tras el mostrador, junto al aparador de los licores y el cubo con los huevos al té. A la derecha, un gran armario frigorífico y el horno para asar patos enteros. Al lado, media docena de mesas súper kitsch, sin manteles, paquetes de servilletas Nocel y botes de salsa picante (48% de chile). La joven Ein Wu atendía la sala.

«Lleva catorce años abierto aquí. Antes era de mi tío, se llamaba Lamas y no daba comida a españoles. Mi tío estaba en la cocina y mi tía no habla español. Ahora ayudamos nosotras», explica. Tomo asiento. Le pido patas de pato. «A los españoles no les gusta. Tienen huesitos», dice (como para asustarme). ¿Ein? Insisto. Saca del refrigerador una bandeja de cristal con pieles de pata de pato, frías y aliñadas. Me ofrece una. Le doy un buen bocado. Ternilla con aroma a pimentón. Pero me sirve de pasaporte... «Saco para probar. Solo gusta a un español de diez», resume.

Ensalada de medusa, cuenco de sopa

Pido ensalada de medusa (humm, así que era verdad eso de que los chinos sí se las comen). La presentan aliñada y con finas tiras de pepino. Hay trozos casi traslúcidos (crocantes, chasquean en la boca como un tamboril) y otros más tostados, que parecen cebolla pochada. Le pega bien la cerveza china Tsingtao. Sigo con un enorme cuenco de sopa con fideos chinos, con su col, su tortilla, sus trozos de seta shitake, sus pedacitos de carne... Está muy sabroso (hay clientes que lo toman de plato único, con costillas, y resuelven una comida por 5, 5 €). Llegan luego unas empanadillas a la plancha, rellenas de carne y cebollino chino con su cuenco de salsa de soja donde disuelvo el picante. «Muy fuerte», me advierte Ein. No tanto. Me comería una docena. Para acabar Ein Wu me saca un platito de costilla agridulce que no tiene nada que ver (ni por presencia ni por sabor) con lo que hayan podido probar en un restaurante chino tópico.

Fu Li Wu, la cocinera, que sale a servir la mesa redonda donde comen seis chinos con gran estruendo, me echa un ojo cada vez que pasa. Me acerco al mostrador para charlar con Ein. Su madre se acerca y saca dos minijarritas de cristal. Las llena de licor. Brindamos, me parte un trozo de tarta de merengue que hace el tío de Ein en Hurtado de Amézaga y se vuelve a meter en su trajín de cazuelas. Mientras, el marido prepara bolsas con comida para paisanos que aguardan en la puerta.

Misterioso es lo más parecido a una comida china auténtica que podrán probar en Bilbao (a no ser que un nativo les invite a casa). Es un local para personas atrevidas, dispuestas a la aventura y carentes de escrúpulos. No hay manteles. Pero la experiencia (se lo aseguro) es única.

Cuando uno 'descubre' (y publica) estos sitios siempre teme que sea una manera de acabar con ellos, de sacrificar su autenticidad, que se llene de hipsters y foodies (¡ahí os quiero ver, valientes, con un par de huevos... Benedict, por supuesto!) para hacerse el selfie birlándoles las mesas a los clientes habituales. Pero la cocina de la señora Fu Li Wu (ella misma amasa los tallarines que guisa) merece el atrevimiento... Su codillo, sus sopas de fideos, de fécula o de pasta de arroz con costilla son para recordar. Y un dato, en el Chino Misterioso... ¡ni rastro de glutamato!

 

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