La Lianta (Bilbao): El placer de dejarse liar

Amaia Muñoz y Stik, en el local./Maite Bartolomé
Amaia Muñoz y Stik, en el local. / Maite Bartolomé

Entregarse a los placeres del copeteo y picoteo una tarde cualquiera es muy fácil en este tentador garito de Ibáñez de Bilbao

GUILLERMO ELEJABEITIA

Una copa más de vino en la comida, una jornada vespertina que se esfuma, un gin-tonic a media tarde, esa amiga que pide otra ronda y... ¡zas! ya la hemos liado. Pues algo parecido han hecho Amaia Muñoz, ingeniera civil y esteticienne, y Julio de Vena, exbancario reconvertido en barman, al abrir este garito que han bautizado como La Lianta y que apela directamente a ese público disfrutón y fácil de convencer.

La Lianta

Dirección
Ibáñez de Bilbao, 4.
Teléfono
946181690.
Instagram
@laliantabilbao.
Precios
Cócteles: 7,50 €. Combinados: 8 €. Tablas de embutidos: 15/16 €. Ensaladilla rusa: 11 €. Croquetas: 7 €.

Ubicado estratégicamente en la calle Ibáñez de Bilbao, está a tiro de piedra de la 'city' y del Casco Viejo, pero es lo suficientemente discreto como para que mañana en la oficina la liada no sea vox populi. Parece haber surgido de la nada, pero lo cierto es que hasta hace no tanto había allí un restaurante con las ventanas tapiadas. Una estilosa reforma ha dado paso a un espacio luminoso que sabe sacar partido del callejón que tiene al lado, convirtiéndolo en el escondite definitivo.

Un suelo de terrazo –sí, está de moda– le imprime carácter, las sillas Lesca le dan un toque ochentero y las bancadas tapizadas en terciopelo turquesa, el puntito aburguesado de la clientela a la que aspiran. «Cócteles y picoteo del bueno para pijos», se anuncian en las redes sociales. Y aunque hay algo de ironía en el slogan, también es cierto que miran de frente a un público que ha pasado de los 30 y no mira demasiado la cuenta.

Macerados artesanos

Pero ojo, eso no significa una barra poblada de etiquetas 'premium' y gin-tonics que parecen una ensalada. El acierto de esta coctelería, cuyos anaqueles parecen listos para una cata ciega, es apostar por los macerados artesanos en lugar de rendirse a las marcas. ¿Y qué son los macerados artesanos? Rones, whiskys, ginebras o vodkas –«siempre de primera calidad pero sin etiqueta», insiste el barman– que se han dejado reposar con otros productos para potenciar algunos aromas y sabores. Ejemplos: ginebra con lima, limón y jengibre, whisky con cacao y cerezas y hasta un osado ron con panceta.

Ensaladilla rusa.
Ensaladilla rusa. / Maite Bartolomé

Con esa base elaboran el repertorio clásico de la coctelería internacional y algunas creaciones personales, desde un goloso Bramble con ginebra macerada en frutos rojos, lima, mermelada casera de moras y almíbar, hasta un potente Old Fashion con whisky macerado con cacao.

Para empapar el trago largo no se complican la vida y buscan platos «que se entiendan a la primera y que apetezcan sin darle muchas vueltas». Su ensaladilla rusa es notable, cremosa y fresca, de ración abundante y bien complementada por un poco de tomate seco en aceite. La falsa croqueta de calabacín y zanahoria con salsita de yogur cítrica es un bocado vegano muy conseguido, apto para todos los públicos, y a su untable de yogur con tomate confitado y almendra le sentará genial un plato de embutidos del Bierzo.

Entre risas, trago y picoteo, la tarde pasa volando, hace rato que ha caído la noche y mañana nos levantaremos con una leve y voluptuosa resaca. Todo por culpa de la lianta. O mejor dicho, gracias a ella.

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