Five Guys (Bilbao): Hamburguesas para don Diego

Jóvenes degustando hamburguesas y batidos. /MAIKA SALGUERO
Jóvenes degustando hamburguesas y batidos. / MAIKA SALGUERO

La cadena de comida rápida favorita de Obama desembarca en la plaza más noble de la villa

GUILLERMO ELEJABEITIA

La apertura de 'la hamburguesería favorita de Obama' ha sido recibida como un pequeño acontecimiento en Bilbao, con decenas de personas haciendo cola a la puerta del establecimiento de la Plaza Circular. En el enclave donde estuvieron el café La Granja, el hotel Terminus o el Banco de Vizcaya, don Diego López de Haro convive ahora con multinacionales de ropa low cost o restaurantes americanos de comida rápida.

Five Guys (Bilbao)

Dirección
Plaza Circular, 5.
Web
fiveguys.es.
Precios
Hamburguesa: 7,95 €. Hamburguesa con queso y bacon: 9,95 €. Patatas: 3,25 - 5,75 €. Batidos: 5,75 €.

Cosas de la globalización, que está consiguiendo que las urbes occidentales cada vez se parezcan más las unas a las otras. De hecho, las colas a la puerta de la famosa hamburguesería se han repetido con cada nueva apertura de esta cadena, que cuenta con más de 1.000 establecimientos en lugares tan exclusivos como los Campos Elíseos (París), Picadilly Circus (Londres) o la madrileña plaza de Callao.

¿Qué tiene de especial? Bueno, la historia de este negocio familiar convertido en marca de culto para un público global daría para el argumento de un telefilme sobre el sueño americano. Resumiendo, en 1986 Jerry y Jenie Murrell, un matrimonio de Virginia, abren una pequeña hamburguesería en Arlington y la bautiza en honor a sus hijos. Desde el principio renuncian a hacer publicidad, regalar muñequitos o a cualquier otra estrategia de mercadotecnia, solo quieren vender hamburguesas con productos frescos y patatas de verdad, y esa estricta filosofía les granjea una reputación intachable.

Sueño americano

La fórmula funciona y abren más restaurantes, pero hasta 2001 se conforman con tener uno para cada hijo. A partir de entonces viven una expansión brutal en Estados Unidos, que deja momentos icónicos como el de Barack Obama pidiendo comida en el mostrador de un Five Guys de Washington pocos meses después de convertirse en presidente. En 2013 dan el salto a Europa y tres años más tarde llegan a España, donde ya cuentan con 16 establecimientos.

Una de sus hamburguesas.
Una de sus hamburguesas.

«No hacer ninguna estrategia de marketing significa que para tener éxito la ubicación tiene que ser excelente», explica Daniel Agromayor, director general de Five Guys en España y Portugal. Esa es la razón por la que buscan hacerse siempre con las lonjas más jugosas. Una vez allí, sorprende la austeridad de la decoración. Alicatado de baldosas rojiblancas, mobiliario indispensable y una cocina abierta en la que el cliente puede ver lo que se prepara en cada momento. El mecanismo es el de una hamburguesería cualquiera, sólo hay que elegir el tamaño del emparedado y cuáles de los 15 ingredientes extra quieres incluir. Sin recetas de nombres fabulosos ni menús de oferta. Mientras esperas a que un empleado diga tu número a voces, puedes comer cacahuetes, cortesía de la casa.

El pedido se entrega en una bolsa de papel, envuelto en papel de aluminio y sólo el vaso de cartón lleva alguna clase de distintivo. Los Murrell se precian de escoger muy bien a sus proveedores y se aseguran de que las vacas escuchan música clásica o de que las patatas se cultivan al norte del paralelo 42. Y eso ha sido suficiente para ganarse la confianza del mundo. Por cierto, la hamburguesa estaba buena.