'Can Ferran' (Barcelona): Masía «Bib Gourmand»

Alubias mongetes que cocinan con tocino, oreja, butifarra.../
Alubias mongetes que cocinan con tocino, oreja, butifarra...

Cocina catalana rústica condimentada con mucho vino, ajo y cebollas

DAVID DE JORGE

Me escribe un individuo tolosarra de apellido impronunciable confesando su afición por la lectura de estas crónicas comestibles y puntualiza que me tiene fichadísimo por lo que aquí cuento y escribo, que no son otra cosa que recetillas y párrafos grasos, desayunos con café, pan y mantequilla, paseos cesto en ristre, vinos bebidos a pie de barra y variopintas experiencias que iluminan el camino y la sonrisa a miles de lectores a los que inoculo un increíble afecto por nuestro país y sus cocinas regionales. No quiero ponerme estupendo, pero alguno tendría que considerar la posibilidad de premiarme con el Príncipe de Asturias del «ñampazampa» o algo parecido, porque compré recientemente camisas nuevas en «Javier Sobrino» y Borsalino de fieltro en Maquedano, la galante sombrerería sevillana de la calle sierpes, ¡iré hecho un pincel!

Can Ferran

Dirección
Carretera Molins de Rei, km 14. Sant Quirze del Vallès (Barcelona).
Teléfono
936991763.
Web
www.masiacanferran.com.
Precio medio
30 €.

Los mimbres de esta colaboración van tejidos con mis recuerdos comestibles de abuelo cebolleta y yerro casi siempre el tiro, pues al contrario que el resto de cronistas del ramo, marcho por los cerros de Úbeda declarando mi amor por la comida a través de los tascos que visito, como este grandioso Can Ferran que hoy nos ocupa. Algunos siesos esperan de mis crónicas informaciones más concretas referidas a los platos, las instalaciones, los baños de señoras y caballeros, el café, el pan o el estado de la vajilla y la mantelería, pero yo insisto «erre-que-erre» en mostrarles mi obtusa y obsesa querencia por visitar viñedos que no están de moda, viejos colmados, carnicerías antediluvianas, queserías llenas de bacterias pestilentes y desgastados restoranes.

El carácter conciliador y extraordinario don de gentes de la familia Boix me facilita mucho la tarea de seguir en mi vereda tropical al margen del mundanal ruido de los garitos de moda, teniendo la fortuna de profundizar en los productos de un paraíso a escasos kilómetros de Barcelona y muy cerca de Sabadell, en el que una nutrida clientela hambrienta acude en tropel los días de labor para ponerse hasta las cartolas de esa cocina catalana pura y dura que se expresa con la misma rusticidad que un ajo verde colado en un alioli fraguado con la mano de un mortero, ¡cagonriau! El amigo José Yustos me descubrió este paraíso, así que desde aquí muestro mi gratitud y le deseo salud, prosperidad y éxito en la venta de panderetas de bonito del norte «Campos», ¡aúpa «Bertintxo»!

Alberto, María José y Álvaro Boix .
Alberto, María José y Álvaro Boix .

Volvamos de nuevo a nuestra odisea catalana, saboreando con mirada fresca una cocina condimentada con mucho vino, ajo y cebollas desde 1946, año en el que un familiar que ya había emigrado a Cataluña, le dijo al abuelo de Albert Boix que se viniera hasta Can Ferran con sus cuatro churumbeles desde Ortells, pequeñísimo pueblo del Maestrazgo castellonense cercano a Morella. Lo pasaron putas porque solo llegaba una línea tísica de luz de 125 voltios que daba para una bombilla, así que se echaron al campo cultivando las huertas vecinas y de cuando en cuando aparecía por el horizonte algún cazador aterido de frío pidiendo algo de comida. Así que gracias al «aplec» o reunión folclórico-festiva de la ermita de «Sant Feliuet» contigua, empezaron a conocerlos gracias a su habilidad con las sartenes, decidiendo aparcar la guadaña, la hoz y el martillo, ¡viva Rusia!, para dedicarse a la hostelería con muy pocos recursos y muchas ganas, sin apenas luz, el hielo se traía desde Rubí en carro y el café lo servían de calcetín, sin tontadas de bomboncitos, leche vaporizada y espumitas.

Cambiaron de tercio en cuanto una muchacha del Bierzo se casó con el hombre de la casa, iluminando con prosperidad los fogones, currándose sin descanso desayunos, almuerzos, comidas, meriendas y cenas. De allá a servir banquetes, planificando bodas, bautizos, comuniones y aprovechando los días de asueto para criar a Alvarito, Alberto y María José, que poco a poco tomaron las riendas del negocio, fijando, puliendo y dando esplendor a tantos años de esfuerzo.

Plato de pato, una de sus recetas que hacen que los comensales se acerquen a su casa.
Plato de pato, una de sus recetas que hacen que los comensales se acerquen a su casa.

Atraen como abejorros a un panal de rica miel al típico viajante catalán encantado de quitarse la corbata para comer con las manos, a los pichones de las empresas cercanas y una clientela variopinta, jugadores profesionales de fútbol, maestros, parejas de enamorados, directores de sucursales bancarias, padres de familia, repartidores de paquetería o depredadores de setas que llenan el maletero y su andorga con sus especialidades: níscalos a la brasa, «escudella», fideos a la cazuela, caracoles a la «llauna» con un sofrito de infarto, callos con garbanzos, judías del «ganxet» con butifarra despanzurrada, oreja o panceta crujiente, pies de cerdo, canelones y mucho pan de «pagès» refregado con tomate. Cierran sábados, domingos y festivos, no admiten tarjeta de crédito y son tan artistas que tienen instalado un cajero automático a disposición del respetable, ¡genio y figura!