Érase una vez un restaurante

José Antonio Villela y el chef Sergio G. Larrocha./Maite Bartolomé
José Antonio Villela y el chef Sergio G. Larrocha. / Maite Bartolomé

Un marino imaginario inspira la cocina sencilla de esta atípica casa de comidas que marida lo artístico y lo gastronómico

GUILLERMO ELEJABEITIA

Hay restaurantes que nacen por el afán emprendedor de una familia, otros porque una empresa ha visto un jugoso nicho de mercado y algunos solo para prestar servicio de comidas a alguna institución, pero ¿cuántos conocen que hayan sido fundados por un grupo de teatro y lleven el nombre de un personaje de ficción? Patxi Larrocha, bautizado en honor a un navegante y cocinero del siglo XV totalmente inventado, es una rareza que funde lo artístico, lo social y lo gastronómico para alumbrar una de las casas de comidas mas sui géneris de Bilbao.

Patxi Larrocha (Bilbao)

Dirección
Pablo Alzola, 8.
Teléfono
944271001.
Web
www.patxilarrocha.com.
Precios
Menú del día: 13,50 €. Menú Capricho: 26 €.

El germen del restaurante que desde hace 22 años ocupa un espléndido local en la calle Pablo Alzola está a unos cientos de metros de allí, en el pintoresco barrio de Masustegi, donde una asociación cultural de la que formaban parte los actuales propietarios, Iñaki Suárez y José Antonio Villela, decidió buscar en la hostelería un medio para sufragar sus actividades.

Después de pasar por varios establecimientos, entre ellos el recordado Xirgu –bautizado en honor a la gran dama de la escena Margarita Xirgu–, dieron con un amplio espacio cerca de La Casilla que les permite desplegar una generosa barra de pinchos, servir un buen puñado de comidas y además organizar de cuando en cuando catas de vino, exposiciones artísticas o recitales de poesía. Desde entonces ha vivido varias reinvenciones pero sin renunciar nunca a ese ingrediente artístico que ya forma parte del menú.

Carta de vinos infalible

En su día fue el primer restaurante en Bilbao –y el segundo del país– en ofrecer una carta elaborada íntegramente con productos ecológicos, una apuesta arriesgada que no tuvo el éxito esperado. Pero de eso hace ya 20 años y el público parecía no estar preparado para algo que hoy se ha convertido en reclamo. Optaron por una fórmula más convencional, pero sin perder nunca el cuidado por una materia prima escogida, cercana y siempre de temporada. Con ella, Sergio G. Larrocha y Begoña Serrano cocinan un repertorio de base tradicional y maneras sencillas que tiene muy contenta a la clientela habitual.

Bacalao a la bilbaína.
Bacalao a la bilbaína. / Maite Bartolomé

Iñaki Suárez, que fue campeón de Euskadi de Sumilleres, selecciona una carta de vinos interesantes, a precios nada inflados, en la que se puede elegir a ciegas con la seguridad de que es casi imposible no acertar. Durante todo el día ofrecen un picoteo informal bastante completo y al mediodía, dos posibilidades de menú. El básico por 13,50 y uno que llaman Capricho por 26. En el más sencillo brilla por encima del resto una humilde sopa de ajo, luminosa y reconfortante, que sabe ir un poco más allá de la receta de siempre.

Merece la pena el bacalao a la bilbaína sobre juliana de verduritas y setas, que resulta aromático y limpio gracias a una guarnición sabrosa pero nada estridente. Correcta la manita de cerdo, que llega a la mesa entera, pidiendo ser regada con abundante Rioja. Y en los postres vuelve a brillar la sencillez gracias al flan casero de cuajada, una rareza mestiza que, como la casa, despeja las dudas al primer bocado.

 

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