Basque Vintage (Bilbao): lo viejo y lo nuevo

Basque Vintage (Bilbao): lo viejo y lo nuevo
MAITE BARTOLOMÉ

El último inquilino de Colón de Larreátegui exhibe estética retro y platos de siempre con toques actuales

GUILLERMO ELEJABEITIA

El término 'vintage' define a algo de cierta edad que, como el vino, mejora con el paso del tiempo. Lo vintage habría sido que en este restaurante de Colón de Larreátegui oficiara un matrimonio de hosteleros de la vieja escuela, que de las paredes colgaran bodegones o fotos de visitas ilustres y que la carta exhibiera recetas imperecederas como un pilpil o un marmitako. En lugar de eso Basque Vintage huele poderosamente a nuevo, luce una decoración a la última con leves guiños retro y ofrece revisiones actualizadas con ingredientes exóticos. «No creemos que para ser vintage haya que poner una boina y un arado», advierte el gerente. Con unas fotos ennegrecidas y unos muebles decapados parece bastar.

Basque Vintage (Bilbao)

Dirección
Colón de Larreátegui, 1.
Teléfono
946033039.
Dirección
basquevintage.com.
Menú del día
15 euros.

Sus responsables, que también gestionan un restaurante en Barrika, justifican el concepto del negocio en su afán por «revalorizar la tradición, las buenas maneras y cierta elegancia en el servicio» que a su juicio se ha perdido, sin renunciar a «atraer a un público internacional y moderno». Tampoco son ajenos a las reminiscencias vinícolas de la palabra vintage (cosecha), que se traducen en una cuidada carta de vinos con etiquetas reconocidas y muchos puntos Parker. No son hosteleros, pero al menos han sabido rodearse de un equipo con muchas horas de vuelo que consigue crear una experiencia auténtica en un entorno que, a primera vista, podría parecer de cartón piedra.

A los mandos de la cocina está el vasco-venezolano Gaizka de Arbeloa, que aporta frescura y oficio a una carta que todavía está buscando su sitio. La idea es ofrecer productos no demasiado elaborados, reinterpretar recetas de la gastronomía vasca de toda la vida e introducir algunas referencias foráneas que gusten a un paladar globalizado. Nada nuevo bajo el sol, pero resuelto con la solvencia de quien se ha curtido en muchos fogones.

MAITE BARTOLOMÉ

Ofrecen carta, picoteo, algunos pintxos básicos y hasta comida para llevar, pero el menú del día tiene suficiente nivel como para convencer a los cuellos blancos que suelen vagar por la zona en busca de comida saludable, original y a precio asequible.

Probamos un tartar de atún de presentación colorista que revisita la receta clásica con toques de fusión nikkei, lombarda encurtida, arroz inflado, raíz de loto frita y los irrenunciables toques de trufa y yema de huevo. Una meritoria explosión de sabores. El wok de verduras con arroz jazmín encantará a quienes busquen una comida fácil y ligera. El punto de los vegetales es idóneo y los sabores agridulces están bien afinados. Sencillo y suculento el secreto ibérico y agradable la ensalada mixta, que cambia el bonito por pavo braseado.

Pero donde por fin el menú se torna vintage de verdad es con la merluza rellena de txangurro, una receta de los 70 descaradamente demodé que cuesta encontrar en las cartas de los bistrots de su rango. Esa es la senda que puede diferenciar y dar coherencia a un conjunto que por lo demás tiene ingredientes suficientes para gustar.