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Restaurantes

En esta barra Neptuno hinca el tridente

En esta barra Neptuno hinca el tridente
JESÚS ANDRADE

Diminuto, no había baldas para dejar las bandejas, así que las sacaron al mostrador. Ahí siguen, alegrando ojos y estómagos en la almendra medieval vitoriana

Julián Méndez
JULIÁN MÉNDEZ

Es un diminuto bar de barrio, con sus ‘jubiletas’, sus estudiantes y sus clientes fieles donde comes, conversas y te sientes atendido por 10 euros. Una bicoca que, además de confortarnos el estómago, nos ahorra la visita al psicólogo. Atrincherado tras una barra que rebosa de preparaciones recién cocinadas (arroz, librillos de calabacín, solomillitos empanados, tortilla, callos a la madrileña, espárragos con bechamel de cecina, pollo con salsa de Oporto, minihamburguesas de wagyu, empanadas de hojaldre, quiches y pasteles de verduras, sorprendentes croquetas de gilda y de callos y morros...) asoma Roberto de Juan, flamante padre novel, que se desenvuelve al pie del timón como un capitán de galeón cruzando el Atlántico.

'Neptuno' (Vitoria)

Dirección
Pedro Egaña, 4.
Teléfono
945263353
Horarios
Cierra domingos noche.
No perderse
Croquetas de gilda y de callos y morros. Empanadas. Pencas rellenas. Espárragos con bechamel de cecina.

En la cocina, y atendiendo las cinco mesas del local, su hermana Maribel, que lo mismo te cose un huevo que te fríe un ojal. Puro desparpajo y ganas de vivir al frente de una fórmula simpática ubicada en la corteza de la almendra medieval vitoriana, detrás de la iglesia de San Pedro y sus sillares del siglo XIV. Ambos son naturales de Bilbao, pero las inundaciones de 1983 empujaron al padre a emigrar cerca, y la pareja (Ana, la cuñada de Maribel labora también entre pucheros) llegó a Vitoria.

Memoria y akoki bai, bai

Conocimos el Neptuno (a 50 metros escasos del edificio de la Diputación alavesa y abierto el 2 de agosto de 2013) movidos por la fama de las orejas de cerdo picantonas de sus primeros días. Aquel bocado nos alegraba el paladar, pero lo que de verdad importaba era retornar al entorno del Rosi (en el Cantón de la Soledad) y al recuerdo de sus míticos porrones y raciones, volver al Trafalgar con sus fritos redondos y al (hoy, ¡ay!, cerrado) El 8 Ballarín con su comida casera y sustanciosa, a la plazuela del Bodegón Gorbea, al Múgica, al Aldeano de la oreja rebozada con sus trapos de cocina colgados de la barra de latón, al Calígula, al Mesón Asturiano donde tanto litros de sidra vertimos, a la librería de viejo de El Cafetal... lugares todos pegados a la Virgen Blanca y que han enmarcado las vidas de generaciones de vitorianos.

Tras el ejercicio de nostalgia regresemos a la atestada barra del Neptuno, lugar al que el mismísimo dios de los océanos regresa cada poco para hundir su tridente entre la pitanza. Sentarse aquí depara sorpresas. Fede, joven gallego emigrado que almuerza a diario, le cede el mejor sitio a María Luisa, anciana que vive sola en Siervas de Jesús y que ha hecho del Neptuno el comedor de casa. Maribel le pone en el plato una porción de tortilla y unos libritos de calabacín y la anima a alimentarse. Otro cliente con aire hipster se despide por unos meses: se va a San Francisco a trabajar de au pair. Entra un txistulari, saluda un funcionario foral, arrima una moza los vidrios de los zuritos. Junto al asiento que ocupo hay una extraña placa (Akoki bai), la frase con que Miguel, otro parroquiano de referencia, termina su piscolabis.

-¿Akoki bai?, le interroga el mesero Roberto.

-Akoki bai, bai, le responde el susodicho.

Una broma que, en lenguaje neptunario, significa «faria bueno, café corto y un patxaran casero grande». Cosas de barrio, dirán. Benditas cosas de barrio, diré.

En la barra hay óvulos de pollita en sus hueveras de cartón gris, naranjas sanguinas de zumo, ahora que es temporada, algún tomate, latas de «antxoas y cogote de bonito» de la factoría Done Pedro (en Hondarribia desde 1361), paté de ciervo al Armagnac de los Montes de Toledo, tomate seco en aceite de oliva Lino Moreno, anchoas en mariposa de Yurrita...

Neptuno no es cocina de postín. Es comida (el aceite limpio rebosa los platos de fritura) y un ambiente familiar donde se intercambian saludos, charlas informales y encuentros de circunstancias... Las cosas les van bien así: tanto que en nada los del Neptuno abrirán una embajada marina en Bastiturri, en el bar del hermano del atleta Martín Fiz. Y esas son siempre buenas noticias. ¿Akoki bai? Bai. Bai.

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