El cocinero japonés del futbolista japonés

Uno llegó a Euskadi para meterse en los fogones. El otro, para marcar goles. Hoy, Tetsuro Maeda es el cocinero privado de Takashi Inui y su gran amigo

El futbolista del Alavés Takashi Inui junto al cocinero del Asador Etxebarri Tetsuro Maeda, que guisa para él cada semana, charlan en las campas de Axpe. /LUIS ÁNGEL GÓMEZ
El futbolista del Alavés Takashi Inui junto al cocinero del Asador Etxebarri Tetsuro Maeda, que guisa para él cada semana, charlan en las campas de Axpe. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Julián Méndez
JULIÁN MÉNDEZ

El futbolista Takashi Inui (Omihachiman-sin, 30 años) saca el iPhone X del bolsillo de su blanco chandal japonés Neighborhood y filma los movimientos de la vaca intrusa que se ha apoderado de la carretera que lleva a la borda donde vive su amigo, el cocinero Tetsudo Maeda (Kanazawa, 34)

El futbolista grita, divertido:

–Kuaió, kuaió!!! (¡qué miedo, qué miedo!).

Mientras, el cocinero se baja de su Passat (luce una boina en el salpicadero) para apartar la res que pasta libre en el valle de Axpe, a los pies del Anboto.

Ambos disfrutan como chiquillos de la escena.

Takashi y Tetsuro, dos japoneses en Euskadi, forman una extraña pareja.

Hoy me cabe el honor de contar su historia.

Tetsuro Maeda conoció en una taberna de su pueblo a Masazumi Koyama, que trabajaba en la cocina del Alameda, los mejores pintxos de Hondarribia. «Fue una casualidad. 'Si te gusta la cocina, vete a practicar a España', me dijo. Y me vine. Hace nueve años ya. Tuve que aprender de todo. Mi padre tiene una tienda de platos artesanales y mi abuelo, una taberna donde daba comida. Pero nunca la conocí porque murió muy joven».

Desde hace ocho años, Tetsuro trabaja codo con codo junto a Bittor Arginzoniz en las parrillas del Asador Etxebarri. Son almas gemelas, cómplices ambos de ese espíritu de perfección para los oficios que cincela la identidad japonesa. Han creado un vínculo tan fuerte que, el pasado verano, Arginzoniz y su familia visitaron la localidad costera donde nació Tetsuro, que ofició de guía de lujo y con quien salieron a pescar.

El extremo del Deportivo Alavés Takashi Inui conocía el Asador Etxebarri como cliente, de las comidas de confraternización cuando jugaba en la Sociedad Deportiva Eibar. Pero no había tratado con Tetsuro. Ni siquiera sabía que en aquel asador perdido en el monte donde mimaban almejas, pulpos y txuletas trabajaba un paisano...

«Le cocino arroz de California»

Hace tres años, al fichar por el Eibar, el representante de Inui buscó a una persona que se hiciera cargo de atender la vivienda y de alimentar en condiciones a la perla nipona. «Alguien que fuera como su madre. Empezó una chica japonesa de Durango, pero se quedó embarazada. Ahí aparecí yo... aunque no limpio», ríe el cocinero japonés (que habla un envidiable español). «Ahora somos amigos, mucho más que un jugador y otro que le cocina. Hablamos de nuestra vida, de nuestro futuro, de lo que nos gustaría hacer...»

Los dos amigos conversan en el interior de la borda del cocinero japonés.
Los dos amigos conversan en el interior de la borda del cocinero japonés. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ

Un par de días por semana, Tetsuro coge sus bártulos, trepa por el alto de Kanpazar y se presenta en el apartamento de Jardines de Uleta, junto al estadio de Mendizorrotza, donde vive el futbolista. «Para que la comida sea buena, familiar, me acompaña siempre mi mujer, Naomi. Que no sea solo dar pienso», se despepita el gran Tetsuro.

–¿Qué le prepara?

–Lo principal para un japonés es el arroz. Arroz blanco. Le cocino arroces japoneses que me traen turistas que vienen a comer a Etxebarri y me traen arroz de su pueblo. ¡Son los fans de Etxebarri, los mejores! Ahora compramos también arroz de California. El agua para cocer arroz es fundamental. Aquí tiene mucha dureza. Yo uso agua mineral blanda, con pocas sales...

–¿Y, además de arroz?

–Esa es la base. Intento que no coma las mismas cosas ni seguido. Siempre empezamos con una sopa de misho y algo salado para que pueda comer arroz blanco limpio. O una tortilla okonomiyaki con berza y carne. Las espinas le molestan, así que le preparo carne mejor. De la carne no me preocupo porque come bien. A veces, le hago algo de comida española como una merluza, limpia, en salsa verde con almejas...

–¿Takashi, usted cocina algo?

Al extremo del Alavés se le ilumina la cara. –«Aprendí a hacer huevo frito», sonríe.

Hay que entenderle. El futbolista salió de su país con poco más de 20 años para jugar en la Liga alemana; luego pasó por el Eibar y el Real Betis. Siempre entre algodones, con asistentes o traductores como Atsushi Okazaki, entrenador de fútbol en Bizkaia y su acompañante en los tiempos del Eibar. «Takashi es un chico que se mueve por el mundo con la ilusión de jugar al fútbol. Más que competir, lo que le gusta es jugar, combinar, divertirse... Tiene 30 años, pero es como un niño jugando. La vida de un futbolista profesional es exigente y muy solitaria. Tenemos un grupo en whatsapp de amigos japoneses. Takashi nos convoca cada una o dos semanas para cenar en su casa. Necesita estar con sus amigos», apunta Okazaki, entrenador del Askartza.

–«También tengo algunos amigos en el Alavés como Manu, el capitán, Pina...», apunta el jugador que cede todo el protagonismo a su amigo el cocinero.

De camino a la borda una vaca se cruza en la carretera. El futbolista los inmortaliza con su móvil.
De camino a la borda una vaca se cruza en la carretera. El futbolista los inmortaliza con su móvil. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ

Salimos del coche. Hemos llegado a Muru, la borda montañesa que Tetsu ha rehabilitado en sus ocho años en el valle de Axpe. Lab, su perro, sale a saludarnos y espanta a las gallinas que picotean libres. Es un gran honor acceder a este lugar. «El restaurante más exclusivo del mundo –pregona Tetsuro– porque solo se puede venir invitado».

Una txarriboda japonesa

Anoche, Steve Plotnicki, el fundador de la lista OAD que se hará pública el lunes en San Sebastián, gozó del privilegio de ser atendido por Tetsuro en esta casa de montaña, en su 'Tetxubarri' a los pies de Peña Anboto, en un paraje donde se escucha el silencio. Y de probar los huevos de sus gallinas (los mismos que ha aprendido a freír el futbolista en su apartamento) y disfrutar de unas chuletillas al sarmiento hechas sobre una parrilla artesana. «Este año he matado un cerdo y he hecho 250 chorizos. Aquí vivimos en calma. En Japón es complicado encender fuego en una vivienda. Aquí no molesto a nadie y nadie me molesta. Me encanta mi vida», suspira el cocinero.

Pizarra con el nombre del futuro restaurante de Tetsuro.
Pizarra con el nombre del futuro restaurante de Tetsuro. / J. MÉNDEZ

Y una idea le surge en la mente. Casi podemos ver cómo se forma... «Ahí está el origen de un restaurante. Lo que a mí me gusta quiero que a ti te guste; quiero compartirlo. Pero, para eso, primero te tiene que gustar tu propia vida. Dudo porque quiero hacer mis cosas, pero no me quiero marchar de aquí. Aunque sé bien que los hijos tienen que irse un día de los padres...», reflexiona. Inui asiente mientras bebe ryokucha (té verde sin azúcar) del termo negro que siempre le acompaña. «Es sano, me viene bien», concede.

«Los vascos saben plantar...»

Sobre la chimenea de la borda reposan las botellas que trajeron los invitados de Tetsuro Maeda (champanes Renaudin y Gosset, una escuadra de Únicos de Vega Sicilia, Las Beatas de Telmo Rodríguez, varias etiquetas de Clos Leo, un Côtes de Bordeaux propiedad de un japonés). Al lado, un cartel 'Tetxubarri', «como me gustaría que se llamara mi restaurante... si Víctor me deja». La hermosa mesa de madera donde tomo apuntes es un regalo de Inui. El futbolista la compró para su casa en Eibar... pero lo traspasaron.

Los invitados a la borda del cocinero japonés deben llevar el vino.
Los invitados a la borda del cocinero japonés deben llevar el vino. / J. MÉNDEZ

«En Etxebarri empecé con los entrantes. Ahora también me encargo del chorizo, de los crackers de xixas... Voy al campo a coger hierbas silvestres y brotes de guisantes. El paisaje que han visto los clientes antes de entrar en Etxebarri se lo llevo al plato».

«Los vascos me parecen personas serias: gente que sabe que tiene que plantar para cosechar en otoño. Estoy a gusto. Pero veo gente a la que les importa más el horario que la calidad y cantidad del trabajo... Si abro un local no quiero que me conozcan como el japonés de Etxebarri. Que sea el restaurante del cocinero Tetsuro Maeda», se enerva. «Me gustaría conocer los límites a los que puedo llevar un producto. En Etxebarri siempre estamos pensando cada cosa para dar siempre un paso más y hacerlo mejor. Trabajamos sin dejar de pensar en que las cosas siempre se pueden hacer mejor». Los dos se quedan en la borda, puliendo dos vidas que se encontraron en un lugar imposible...