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Un mar de gazapos blancos

Salazar y Bringas sostienen hembras preñadas./Maite Bartolomé
Salazar y Bringas sostienen hembras preñadas. / Maite Bartolomé

Visitamos las instalaciones de Víctor Salazar e Iñaki Bringas, lugar en el que se dedican a la críca de estos animales

GAIZKA OLEA

Hoy es un buen día para aprender. Lo fue para el que firma este artículo cuando entró por vez primera en una granja de conejos y descubrió un mundo nuevo de productores que miman a sus animales para que lleguen en las mejores condiciones a los consumidores. Ese día, lluvioso y húmedo, sonaba el hilo musical en el criadero de Iñaki Bringas, música moderna, pop en varios idiomas. «Es bueno para los animales y para el dueño», explica Bringas, y uno no sabe si era broma. Iñaki se introdujo en el sector en 2014 de la mano de su cuñado, Víctor Salazar, con más de dos décadas de experiencia en el sector, al que llegó tras pasar por la construcción. «Un tío de mi mujer tenía una granja y empecé por probar», admite. Salazar es el presidente de la asociación vizcaína de cunicultores, del que forman parte diez criadores. Esta es una actividad con poca raigambre en Euskadi, al margen de quienes tienen conejos para autoconsumo en los caseríos: en total, la federación vasca está compuesta por 22 explotaciones, 11 en Gipuzkoa y una en Álava.

Por eso, por la escasa tradición de este género en Euskadi, un paseo por la granja con las atentas explicaciones de Salazar y Bringas es un salto al vacío que deja a uno lleno de dudas que intenta corregir repitiendo lo que ha oído para comprobar si lo ha captado bien. Salazar tiene 1.800 reproductoras, unas 850 Bringas. Son animales blancos y de aspecto saludable que hacen lo que se espera de las conejas: parir gazapos.

Las abuelas

Los cunicultores vascos utilizan en sus granjas dos tipos de conejo híbrido: los Hyplus, obtenidos de especies neozelandesas y californianas, y otro que se denominan valenciano-balear. Todo comienza con la adquisición de las 'abuelas' de dos o tres días que, al alcanzar la madurez se inseminan con semen de tipo especial para engendrar las madres, que a su vez serán fecundadas con un esperma diferente para que su carne sea mejor y más nutritiva. El pabellón de Bringas, casi en las laderas que alberga la cueva de Pozalagua, se divide en dos zonas.

En una estancia descansan las madres preñadas, que tienen junto a su jaula un nido con una capa de serrín para que tengan allí los gazapos. Cuando están a punto de parir, las conejas se arrancan el pelo para que las crías estén más cómodas y calientes. Por si no es suficiente, cañones de aire mantienen la temperatura cálida y estable. En el segundo sector están los gazapos, que engordarán durante 30 días hasta que ronden los 2,2 kilos y sean conducidos al matadero de Mungia.

Valores nutritivos

Las conejas son fecundadas con semen que almacenan los propios criadores, pero con estos animales hay que realizar la inseminación artificial casi de inmediato, porque, a diferencia del de otros animales, el de conejo no se congela. Las hembras son 'útiles' una media de nueve meses, y su gestación dura 31 días, tras el que vienen al mundo una decena de gazapos. Todos blancos, salvo excepciones. «Y mejor así, porque cuando salen negros es dificilísimo verlos entre sus hermanos, el pelo de la madre y el serrín. Para que te hagas una idea, los que tienen conejos negros emplean frontales de minero», explican.

Agrupados bajo la marca Euskal Untxia, los productores se han unido para abaratar precios en la compra de pienso (una mezcla natural de alfalfa y cereal), en el proceso de sacrificado y envasado y en dar a la carne una salida a través de Eroski, que ya comercializa la mitad de la producción. Y es, dicen los que saben, una carne de excepcionales valores nutritivos y saludables, por su bajo contenido en grasas saturadas y colesterol, el aporte de vitaminas B3, B6 y B12, minerales como selenio, potasio o fósforo.

La web de la asociación, clara y concisa, incluye una variada selección de recetas con las que aspiran a introducir en las cocinas un género poco apreciado. Los conejos, desde el de Alicia hasta Roger Rabbit, pasando por Bugs Bunny, suscitan aún demasiada ternura en nuestra sociedad.

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