Los orígenes del veganismo en Euskadi

Las sociedades 'vegetaristas' alcanzaron popularidad de la mano del naturismo y el anarquismo a principios del siglo XX

Ricardo García Gorriarán e Isaac Puente, pioneros del vegetarianismo en Euskadi./
Ricardo García Gorriarán e Isaac Puente, pioneros del vegetarianismo en Euskadi.
Ana Vega Pérez de Arlucea
ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA Madrid

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Quizás se sorprendan ustedes al saber que ese reclamo comercial tiene la friolera de un siglo de antigüedad y que cuando se publicó, allá por 1922, el vegetarianismo estaba tan en boga como para protagonizar anuncios en prensa, recetarios y mitines. La dieta estrictamente vegetal conseguía cada vez más adeptos en Euskadi y lo hacía gracias a corrientes como el higienismo, el nudismo y el anarquismo.

Las primeras sociedades vegetaristas –así se conocían entonces– habían aparecido en Europa a principios del XIX defendiendo la abstinencia de carne desde la religiosidad cristiana y la mortificación del espíritu, pero también como solución a ciertas enfermedades o problemas sociales. A diferencia de ahora ni el bienestar animal ni la responsabilidad moral fueron los argumentos principales del movimiento vegetariano.

Desde una perspectiva médica y antropocentrista, la doctrina creía que mejorando el cuerpo se mejoraba la mente y con ello se beneficiaría la sociedad, de modo que unió bajo un mismo paraguas prácticas como el nudismo, el deporte, el control de natalidad, la renuncia a sustancias excitantes (café, alcohol, tabaco, drogas…) y por supuesto el vegetarismo, que era lo que hoy calificaríamos de veganismo puesto que no contemplaba el consumo de huevos, lácteos ni pescados.

Durante los primeros años del siglo XX los vegetarianos se acercaron cada vez más a los postulados anarquistas. Para los ácratas 'verdes', la carne y el alcohol eran venenos que el capitalismo y el socialismo tabernario –sí, este concepto existió– usaban para controlar a la clase trabajadora. Los proletarios tenían que acabar con el Estado y sus opresiones mediante la lucha obrera y la educación, pero sus cuerpos también debían ser liberados a través de la higiene, la salud, el aire libre, el ejercicio y la desnudez.

Dos hombres distintos

La dieta vegetariana era parte fundamental de ese régimen de vida ideal y como tal había de ser incluida entre los objetivos del anarquismo. La creciente politización del veganismo hizo que sus seguidores se dividieran en dos grupos: los que se identificaban con las ideologías libertarias y los que veían el vegetarismo como una opción personal apolítica. Estas dos corrientes fueron encarnadas en Euskadi por dos hombres muy distintos pero unidos por su fe en la alimentación verde.

Los pueden ver retratados en la imagen de arriba: el de la izquierda se llamaba Ricardo García Gorriarán y fue presidente tanto de la Sociedad Vegetariano-Naturista de Vizcaya como de la Asociación Teosófica vasca. Intelectual, sensible y tirando a místico, Gorriarán tuvo una librería en la bilbaína Plaza Nueva en la que vendía manuales espirituales y recetarios vegetarianos.

En 1918 fue elegido líder de la nueva y extravagante sociedad vegetariana vizcaína, que organizaba excursiones nudistas a la playa y, tal y como anunciaba EL CORREO en junio de ese año, serviría «para la propagación de una alimentación y una vida en armonía con la naturaleza, a la vez que más sana, moral y económica que el régimen cárneo».

Médico y diputado anarquista

El otro apóstol del vegetarianismo vasco fue el doctor Isaac Puente Amestoy (1896-1936), nacido en Las Carreras (Abanto) y desde 1919 médico rural en el partido alavés de Maeztu. Diputado provincial de Álava y miembro de CNT-FAI, fue uno de los mayores promotores de la alimentación consciente y solía prescribir a sus pacientes una dieta libre de carne como tratamiento médico.

«La alimentación más conforme con nuestro aparato digestivo es la vegetal, ella es suficiente para la nutrición del hombre en todas las edades», escribió Puente en 'El comunismo libertario y otras proclamas insurreccionales y naturistas' (1933). El médico y político fue fusilado por las tropas franquistas el 1 de septiembre 1936 cerca de Pancorbo (Burgos).