Vuelta a casa

Pablo Montero y Begoña Martínez, del restaurante Gunea. /MARIETA
Pablo Montero y Begoña Martínez, del restaurante Gunea. / MARIETA
Carlos Maribona
CARLOS MARIBONA

Recorrer mundo, cocinar junto a los mejores y volver a casa. Todavía no se puede hablar de tendencia, pero sí de un corriente en alza. Lo recordaba la pasada semana mientras comía en el restaurante que el cocinero asturiano Xune Andrade abrió a comienzos de julio en una pequeña aldea de apenas veinte habitantes con un bonito nombre, San Feliz. Una aldea que está a escasa distancia del pueblo donde nació. El suyo ha sido un largo recorrido que le llevó a ser durante varios años el segundo de Pedro y Marcos Morán en Casa Gerardo. Luego, un intento fallido de restaurante propio en Gijón, y una última etapa en Madrid en diversos proyectos.

Al final ha optado por la vuelta a su tierra para poner en práctica lo aprendido en estos años, pero en casa. No es el único. También en Asturias, Pablo Montero, un cocinero de categoría, decidió regresar a su tierra natal tras una década que le llevó a Calima, Nerua y principalmente Mugaritz. Andoni Luis Aduriz lo eligió para ponerse al frente de la cocina del restaurante del hotel Le Domaine de Abadía Retuerta, cuando el chef vasco asumió la dirección gastronómica. Con Pablo al frente, Refectorio logró la estrella Michelin.

Luego vendría un breve paso por Madrid antes de abrir, en las afueras de Avilés, Gunea. Cansado de la alta cocina, Montero renunció al triunfo entre los más grandes. Como él mismo cuenta, lo que quería era regresar a Asturias, a la tranquilidad del campo, a la proximidad con los proveedores, a una forma de vida y de trabajo menos exigente que la que marcan las estrellas o un local en las principales ciudades. Liberado de presiones, lo está haciendo muy bien.

Ha habido más retornos. Por ejemplo el del menorquín Felip Llufriú, quien tras un largo periplo por la Península en el que destacan sus muchos años al frente del Moo de los hermanos Roca en Barcelona, ha regresado a Ciudadela, su ciudad natal, para abrir Mon, un restaurante centrado en el producto de la isla. O el de la sevillana Camila Ferraro, que estuvo en varios restaurantes con estrella Michelin y finalmente dejó su puesto de jefa de producción en El Celler de Can Roca para volver a Sevilla y abrir Sobretablas.

Quizá el retorno más sonoro sea el de Paco Morales, que fue jefe de cocina de cocina en Mugaritz y que tras un periplo por Madrid y Valencia regresó a su Córdoba natal, y al modesto barrio donde nació, para poner en marcha Noor, uno de los restaurantes más atractivos del momento, centrado en la cocina andalusí. Es evidente que casi siempre se está mejor en casa.