protocolo

El autor se pregunta qué es el protocolo, quién lo ha escrito, hace cuánto, quién se encarga de actualizarlo

Un camarero sirve champán en el vagón restaurante del tren Venise Simplon Orient Express./
Un camarero sirve champán en el vagón restaurante del tren Venise Simplon Orient Express.
DIEGO GUERRERO

Desde la tranquilidad de las vacaciones, uno empieza a tomar conciencia de como el estrés, las preocupaciones, muchas veces absurdas, y otra serie de bocadillos emocionales van desapareciendo de nuestra mente a ritmo de música de chiringuito playero, para dejar paso a otra serie de cuestiones, dudas y preguntas que quizás el resto del año bien por falta de tiempo o exceso de trabajo, uno no llega a reparar nunca en ellas. En estas me hallaba yo anoche en un restaurante de la isla griega de Santorini. Resulta que habíamos venido con motivo de una cena benéfica que teníamos que dar en un conocido hotel y aprovechando que el Egeo pasaba por aquí, decidimos quedarnos un par de días más y dar el pistoletazo de salida a unas vacaciones que parecía que nunca iban a llegar después de una larga y difícil temporada. Finalizada la cena con bastante éxito, uno nunca está contento del todo, en medio de un eclipse lunar, con Marte incandescente sobre el Egeo y brindando con una 'Mythos' (cerveza local) arrancábamos.

Empecé a pensar sobre el protocolo y los códigos de conducta que coexisten en diferentes ámbitos de nuestra sociedad y como si de una lluvia de meteoritos se tratara comenzaron a bombardearme la cabeza un millón de preguntas. ¿Qué es realmente el protocolo, quién lo ha escrito, hace cuánto, quién se encarga de actualizarlo? Resulta que algunos de ellos datan de la época de Confucio y, como poco, los más modernos tienen cien años. ¿Qué ocurre cuando en un restaurante te dan un bocado a probar y no te ponen ningún cubierto? Es más, te invitan a que uses las manos apreciando así la textura del mismo. ¿No nos estamos saltando el protocolo y las normas de conducta, o quizás simplemente es el protocolo lo que necesita ser revisado acorde a las costumbres contemporáneas?

Conflicto permanente

En cuanto a las normas sociales también tenemos nuestros códigos, por ejemplo cuando dejamos que una dama pase delante nuestro al cruzar el umbral de una puerta. Seguramente hasta hoy se ajustaba a las normas convencionales y códigos de conducta social, pero ¿ y si de repente señalan este gesto como un símbolo machista? O de cómo sentar a los invitados en una boda si los padrinos están divorciados, los hijos o primos no corresponden a una misma madre o un padre... más que la mesa presidencial se parece a 'El guateque' de Peter Sellers. Desde el prisma de nuestra profesión estamos en conflicto permanente con estas 'cosas' ya que los tiempos cambian constantemente y con ellos las tendencias, corrientes y la demanda permanente del homo gastronómicus de novedad y avance. Entramos así en combate directo con la tradición y el costumbrismo que el protocolo demanda.

El caso es que llevo unos cuantos años entre cuchillos y todavía no he aprendido a pelar un langostino sin utilizar los diez dedos y algo más. Y si la cabeza, que como un amigo decía, es lo que da sentido al cuerpo, el protocolo debería inventar algún artilugio capaz de succionar la testa del crustáceo sin tocarla con las manos. Está claro que el protocolo está íntimamente ligado a la tradición pero, a veces, ésta camina torpe y con paso cambiado dando pisotones al presente incapaz de 'bailar' al compás. No hagamos del protocolo una lengua muerta, todos sabemos que los necios se multiplican cuando los sabios permanecen en silencio. ¡Hablen, que a fin de cuentas, todo es una cuestión de protocolo !

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