DE LA GINEBRA AL VERMÚ

DE LA GINEBRA AL VERMÚ
Carlos Maribona
CARLOS MARIBONA

Se acuerdan de la moda de las ginebras? Para ser más exactos, de la moda del gintonic. Durante muchos años ha sido una tendencia imparable. Bares y restaurantes se lanzaron a llenar sus anaqueles con decenas de ginebras llegadas de todos los rincones del mundo. En algunos casos, la oferta sobrepasaba el centenar. Algunos ya bebíamos esa refrescante combinación de ginebra y tónica desde mucho tiempo antes. Y nos conformábamos con algunas marcas locales, porque las pocas que llegaban de importación tenían precios desorbitados. Aprovechábamos, eso sí, cualquier viaje a Londres para traernos una botella de litro de Beefeater libre de impuestos.

Nos parecía lo más de lo más, y sin embargo ahora, entre tan abrumadora oferta, esa marca en concreto se considera de segunda. Cuestión de esnobismo: descubrir una ginebra nueva, haber probado varias decenas o incluso combinarla con la tónica más exótica. Gente que hablaba de botánicos o de las 'London Dry Gin', que estudiaba «el servicio perfecto», o que bebía en copas que contenían auténticas ensaladas de ingredientes. Tal vez como rechazo a ese esnobismo dejé de beber gintonic y me pasé a otros destilados para la sobremesa. Y no he debido ser el único, porque el consumo de ginebra está descendiendo mientras aumenta el de whiskies o armagnacs.

Me temo que algo parecido a lo que ocurrió con la ginebra, empieza a suceder con el vermú. Y bien que lo siento, porque me gusta. Nuestros abuelos ya lo tomaban antes de comer. Y era tan popular que en muchos sitios de España todavía hoy no se habla de la hora del aperitivo sino de la hora del vermú. Por motivos incomprensibles su consumo se redujo a mínimos, desplazado por la cerveza.

Sólo unos pocos locales resistieron el ataque manteniendo esos grifos tradicionales que son el mejor adorno de una buena barra. En los últimos tiempos, esta bebida, que es una infusión de vino, tinto o blanco, con diferentes hierbas y no un destilado ni un licor como erróneamente cree mucha gente, ha vuelto con fuerza. Especialmente en Madrid y Barcelona son innumerables los establecimientos que la ofrecen a sus clientes casi como un ritual.

Este resurgir ha atraído también a nuevas marcas, hasta ahora desconocidas o poco frecuentes en nuestro país. Y la aparición de botellas de diseño. Un fenómeno que empieza a parecerse peligrosamente al de las ginebras. Estos días, un conocido elaborador de Reus anuncia su vermú 'Herbal Vintage', y la más conocida casa italiana presenta uno llamado Fiero, «perfecto para mezclarse con tónica». El esnobismo llega al vermú. Ya estoy buscando alternativas para mis aperitivos.

Temas

Vermut