Jantour

Jantour

El celler de can roca, una sinfonía

Esta familia no deja nada a la improvisación, todo parte de un trabajo meticuloso e impecable, de una reflexión profunda e inteligente

Una imagen del restaurante Can Roca./
Una imagen del restaurante Can Roca.
Carlos maribona
CARLOS MARIBONA

Nosé si es el mejor restaurante del mundo porque para afirmarlo tendría que conocer todos. Pero sí que El Celler de Can Roca es el mejor de cuantos conozco. Se acaban los adjetivos para describir un lugar mágico donde se ejecuta cada día una auténtica sinfonía gastronómica. Como escenario, una impresionante cocina de más de 200 metros cuadrados; una monumental bodega que guarda una de las mejores colecciones de vinos imaginables y un comedor triangular, moderno, amplio y acogedor. La sinfonía la interpretan tres solistas que se complementan a la perfección: Josep, maestro del vino y de la dirección de la sala; Joan, cocinero dotado de tanta técnica como capacidad creativa, y Jordi, enorme repostero. Con ellos una afinada orquesta de profesionales en cocina y en sala.

En Can Roca no hay lugar para la improvisación, todo parte de un trabajo meticuloso e impecable, de una reflexión profunda e inteligente, de la implicación absoluta de una familia que vive de y para hacer felices a los demás. También a la hora de afrontar el éxito. Asumir el triunfo desde la humildad, casi disculpándose de que todo les vaya tan bien, es algo que practican pocos de sus colegas. Mucho tienen que ver en ello sus padres y la formación humana que les han dado, y mucho el esfuerzo que les ha costado llegar a la cima. A todos esos a los que cualquier medallita les sirve para adoptar actitudes de autosuficiencia, de mirar a los demás por encima del hombro, el ejemplo que dan los Roca debería hacerles reflexionar.

Conseguir mesa en El Celler de Can Roca es arduo. El día uno de cada mes abren las reservas para once meses después. Y en unos minutos el cupo se cubre. Gente de todos los rincones del mundo pugna por un hueco en esta casa. Una de las ventajas que tengo como periodista gastronómico es que puedo comer allí cada año. Son ya catorce visitas, la última la pasada semana. Me gusta disfrutar de El Celler en diciembre, poco antes de Navidad, a modo de cierre de temporada. Qué mejor sitio para rematarla.

Y además puedo así terminar el menú con los platos de caza de Joan, uno de los cocineros españoles que mejor la tratan, algo que sólo es posible en esta época. La liebre con mole y chocolate, el pato coll verd o la espectacular becada que me sirvieron el otro día son platos para el recuerdo. Como lo fue el resto del menú. Un año más, la mejor comida de la temporada. Larga vida a los Roca.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos