¡Ni se te ocurra decir que estás a dieta!

¡Ni se te ocurra decir que estás a dieta!

Por alguna extraña razón, todo el mundo parece intentar que te saltes el régimen, como si no costara hacerlo... Es mejor callarse

FERMÍN APEZTEGUIA

Estar a dieta no es, ni de lejos, como intentar dejar de fumar. Más bien es justo lo contrario. Cuando uno trata de abandonar para siempre el tabaco, de romper con las cadenas que le atan al incomprensible vicio de inhalar humo hasta destrozarse los pulmones, encuentra apoyo y comprensión allá por donde vaya. «Ánimo, lo vas a conseguir», «Sí señor, es la mejor decisión que podías haber tomado». Ahora bien, lo de intentar perder unos kilos por recomendación médica o simplemente porque llega el verano y a uno le sale la vena coqueta resulta, sin embargo, una auténtica odisea. Parece como si a todo el mundo le diera rabia tu esfuerzo por cuidar la dieta y te invitara al fracaso una y otra vez. «¡Total, por unas aceitunillas no pasa nada...!». ¡Claro! Ni por un bocata de tocineta con buen queso de oveja latxa. Por pasar...

¡Basta ya! Ayudemos al sacrificado paciente, que no se le puede llamar de otro modo, o callemos para siempre. Una dieta es una de las pruebas de fuego más sacrificadas a las que puede someterse cualquiera, que comer gusta, si no a todos a la mayoría; y dejarlo de hacer digamos que es más bien fastidioso.

La dietista y nutricionista guipuzcoana Silvia Zuluaga ha elaborado un 'decálogo' con no diez sino once razones para «no ir propagando a los cuatro vientos que se está siguiendo una pauta alimentaria para adelgazar». Según dice, éste es el primer consejo que da a sus clientes en la consulta. «La mayoría de la gente no te ayuda, sino que se adjudica un papel que no le corresponde», detalla la autora del libro 'A dieta ¡en la vida real!' (Editorial Círculo Rojo).

Once perfiles

Nadie necesita un solo Pepito Grillo del Mal, que le esté constantemente recordando, como si fuera la voz de su anticonciencia, que no hay amor más sincero que el que sentimos hacia la comida, como dijo Bernard Shaw. Vamos, que a nadie le amarga un dulce, que es lo que normalmente le dicen a uno para tentarle. Zulueta identifica los once motivos para ocultar la dieta con once perfiles diferentes de personalidad.Cambian los discursos, pero el objetivo es siempre el mismo: «¡Caíste!».

1. La agente de policía. Puede ser cualquiera, tu pareja, tu madre. Se identifican por frases del tipo «¡pero te vas a comer todo eso! Así no vas a adelgazar». Torpedo directo contra el autocontrol. «Te entran las dudas, comes un poco, te quedas con hambre y comienza el picoteo», advierte la especialista.

2. Tu asesora personal. Es la persona que te da los consejos que le sirven para manejarse dos kilos arriba o abajo. «¡Luego no cenas y ya está!». «Pero si buscas bajar más, no es lo mismo».

3. La ofendidita. «Chica, es mi cumpleaños. No me harás el desprecio de rechazarme este pastelito... ¿no?». «Por no hacerle un desprecio, te perjudicas tú. Hay que tener a mano siempre una excusa del tipo «no sé qué me pasa, pero estos días no tengo el estómago muy allá».

4. La egoísta. «¿No te pides postre? Es que a mí me bastaría con un trozo de tu tarta...»

5. La inquisidora. «¿Tampoco esto puedes?»

6. La que siempre habla de dietas. «Pues a Fulanita le ha ido fenomenal». «Y ha recuperado los 10 kilos en menos tiempo que los perdió», añade con sorna Silvia Zuluaga.

7. La indiscreta. «Siempre hay personas insistentes, que te van a poner en el punto de mira». «¡Uy, ¿qué pasa?! ¿Estás a dieta?». Ni caso.

8. La cuidadora. Es esa otra persona que «con toda su buena intención» salta en medio de una reunión y en voz bien alta aquello de «¡no le sirvas vino que está a dieta. ¿Habrá fruta de postre para ella? ¡Mirad cómo se le nota lo que va adelgazando...». ¡Más maja la cuidadora!

9. La agorera. «Acabas de dar a luz, verás lo que te va a costar recuperar la figura...» «¡Pues ya verás ahora que te llega la menopausia'.

10. La que le das pena. «Esto ya lo podrás comer, ¿no? ¡Tampoco...? «Pero si tú estás encantada, es lo que cuenta», recuerda Zuluaga.

11. La envidiosilla. «Es esa amiga tuya que te suelta un dardo envenenado y quiere que falles para no sentirse mal ella».

Lo importante en una dieta es hacerla bien, con cabeza. ¿Yeso cómo se logra? Tendrá la respuesta en este mismo espacio en sólo unos días.