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El obispo que prohibió el txakoli (en misa)

Monje catando vino (Josef Wagner Höhenberg, s. XX)./Wikimedia Commons CC-PD
Monje catando vino (Josef Wagner Höhenberg, s. XX). / Wikimedia Commons CC-PD

En 1698 el obispado de Calahorra vetó el uso de este vino en las celebraciones religiosas por «flaco y débil»

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

Para gustos hay colores e infinitos vinos, pero en los asuntos del Señor manda un criterio fijo. Eso debió de pensar Pedro de Lepe y Dorantes (1641-1700), obispo de Calahorra y La Calzada, cuando en 1698 prohibió el txakoli en la consagración de las misas de su diócesis, que por aquel entonces se extendía por La Rioja, Bizkaia, Álava y parte de Navarra. Algo sabía Pedro de Lepe de vinos (nació en Sanlúcar de Barrameda) y más aprendería a partir de 1686, año en el que ocupó la sede episcopal riojana. Famoso por su cultura, sabiduría y rectitud moral, el nuevo obispo recorrió las parroquias de su diócesis buscando la manera de mejorar su gestión y suponemos que de paso conoció su gastronomía y productos típicos.

El txakoli de aquella época, ácido y flojillo, le pareció que no tenía suficiente empaque como para celebrar misas con él y, ni corto ni perezoso, decidió referirse a este asunto en el sínodo diocesano celebrado en Logroño en 1698. En esta reunión se debatieron y reformaron las normas que regían en todos los territorios del obispado, que aparecieron publicadas en 1700 bajo el título de 'Constituciones synodales antiguas, y modernas del Obispado de Calahorra, y la Calzada'.

En el libro primero, capítulo XI de estas constituciones se puede leer en referencia al comportamiento de los sacristanes, los encargados de proveer agua, hostias y vino para la consagración: «sucede que por ahorrar del dinero traen el vino más barato, que siempre es el peor, o lo compran en una taberna, en donde es lo común tenerlo aguado. Para quitar todos estos daños y que sea como debe el vino de la oblación, de buena calidad y sin mixtura alguna, ordenamos y mandamos que de aquí en adelante […] se traiga vino de calidad y de lo mejor que se hallare en la tierra». Se ve que esta calificación no se aplicaba al txakoli, porque enseguida se apostilla que «en los lugares de Montaña o Marítimos en que hay cosecha de vinos flacos y débiles, que llaman comúnmente Chocolin, mandamos que para el Sacrificio de la Misa no se use de ellos».

Portada de las 'Constituciones Synodales', 1700.
Portada de las 'Constituciones Synodales', 1700. / Biblioteca virtual de La Rioja

Aquel 'chocolin' merecía para el obispo una nota de cata bastante baja. Como si de un enólogo profesional se tratara, nos dice que «como son crudos y de fruto no maduro, comúnmente tienen punta de acedo o están dañados». En vez del txakoli habría de usarse vino de Rioja, Castilla o Navarra que fuese «indubitadamente vino de vides con la integridad de su ser», es decir, caldos con cuerpo y más garantías que el costero txakoli, que entonces salía un año bien y tres mal.

El asunto del bebercio mereció aún más atención por parte del obispo Lepe, porque en las mismas Constituciones Synodales se prohibió a los clérigos beber «saliéndose de juicio», entrar en las tabernas o darse al vicio en el campo o casa particular bajo pena de cárcel obispal. Eso sí, sobre el vino embolingante el señor obispo no hacía distingos y censuraba tanto el rioja como el 'chocolin'. Menos mal.

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