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Nutrición: Querido huevo frito

Nutrición: Querido huevo frito

Su mala fama forma parte del pasado. Ahora, salvo que se sufra un problema de obesidad o del hígado, este pequeño y sencillo manjar no sólo no se restringe, sino que se fomenta su consumo

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

Si tuviera que morirme comiendo algo, serían huevos fritos con pimientos rojos del piquillo. ¡Son la pera!». Sólo si se sabe que estas palabras pertenece a José María Arzak puede tenerse conciencia del auténtico manjar que es la cena más socorrida del mundo. Alta cocina al alcance de cualquiera. El restaurador donostiarra asegura que le vuelven loco, que con ellos «se le va la olla». Palabra de maestro.

Si pensó anoche en devorarse un par, le entraron remordimientos y acabó desistiendo, no lo haga más. Está perdiendo el tiempo. La próxima vez, puede ser hoy mismo, disfrute del más popular de los vicios culinarios, consciente de que ya no se consideran un peligro para nuestra salud cardiovascular, sino más bien al contrario. Hace tiempo que la evidencia científica falló a favor de limitar las restricciones, pero ahora comienzan a publicarse trabajos que resultan aún mucho más deliciosos: el huevo frito, esa exquisitez, podría contribuir a prevenir el infarto.

El huevo tiene unos 200 miligramos de colesterol, que son muchos, y ésa es la razón por la que se le defenestró en su día. Luego, después de un largo exilio, se descubrió que se trata también de un producto muy pobre en ácidos grasos saturados (los malos) y alto en poliinsaturados, es decir en grasas esenciales, que son las que nos interesan. «Recientes trabajos –añade la dietista del hospital IMQ Zorrotzaurre Susana Cervero– apuntan a que su perfil lipídico resulta incluso protector. No sólo evitaría el ascenso del colesterol 'malo' (LDL), sino que además ayudaría a mejorar los niveles del que llamamos 'bueno' (HDL)».

Un euro más

El huevo es un alimento repleto de nutrientes. La yema, «que es a fin de cuentas un óvulo», contiene un montón de lípidos, vitaminas, hierro y también proteínas. La clara, que lleva otra pila de proteínas, tiene una composición muy parecida a la de la masa muscular humana y contiene, por ello, mucho aminoácido, que estimula el desarrollo de los músculos y protegen el sistema inmune.

A la hora de elegirlos, detalla la especialista, autora del blog de nutrición infantil 'Cerebrito Pérez', recuerde que el primer dígito del número que aparece impreso en su cáscara informa de su calidad en función de la vida que lleva la gallina que lo puso. El tres habla de aves enjauladas, el dos se refiere a las que picotean del suelo dentro de naves industriales y el 1 son los llamadas camperos, procedentes de animales que viven con mayor libertad. «Los mejores serían los ecológicos, puestos por gallinas que se alimentan de cereales y piensos naturales. Merece la pena gastarse un euro más y comprar, por lo menos, del tipo campero», aconseja Cervero. A fin de cuentas, se trata de un producto que a un precio asequible que aporta la misma cantidad de proteínas que la carne o el pescado.

La receta brutal

Sólo si se sufren patologías como obesidad o hepáticas, deberían evitarse. Si no, disfrútelos. Uno al día para los niños y dos para los adultos, sin abusar. Para freírlos, no los sumerja en aceite y utilice sólo virgen extra. Un chorrito basta. Eche el huevo con cuidado al aceite caliente y tape la sartén. Logrará que la clara cuaje enseguida y la yema quede líquida. No los acompañe de patatas fritas. Corte un tubérculo en gajos y póngalo en una bolsa con aceite de oliva virgen extra y las especias que más le gusten: orégano, albahaca, tomillo...

Pasado un rato, llévelas al horno, a 180 ó 200 grados, en una bandeja con papel absorbente, durante quince o veinte minutos. Cervero asegura que así resultan sanísimas... ¡y deliciosas! Acompañe su cena con una buena ensalada, tomate aliñado o unos champiñones a la plancha. Hasta Arzak se chuparía los dedos.

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