Nutrición: El exceso de regaliz causa hipertensión

Nutrición: El exceso de regaliz causa hipertensión

Su sabor agridulce resulta cautivador para niños y grandes y se usa cada vez más como condimento, pero su abuso conlleva riesgos tan serios como que puede perderse un embarazo

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

El regaliz es para la salud, como su sabor, agridulce. La tradición le ha atribuido funciones saludables que se han visto acrecentadas por su venta en farmacias –en pastilleros pequeñitos, que parece que así contienen algo muchísimo mejor–, pero también tiene su lado oscuro. La golosina, el remedio contra la tos y el ansiolítico natural de mayor éxito para conseguir abandonar el tabaco, si se consume en exceso puede favorecer la aparición de hipertensión arterial, entre otras complicaciones muy graves. ¿Sabía usted que su consumo se desaconseja en caso de que se padezca diabetes, problemas del metabolismo o si busca quedarse embarazada? Pues ya lo sabe.

«El producto puro, el que antes se vendía como regaliz de palo, es lógicamente el que genera más complicaciones; pero no sólo. Los dulces de colores rojo y negro que venden en las tiendas de chucherías también contienen extracto de la planta como aromatizante. Por un regaliz que se coma puntualmente no pasa nada; pero si se abusa, y puedo asegurarle que hay gente que lo hace, porque lo he visto en mi consulta, el consumo de este producto puede tener consecuencias muy serias para la salud». Lo dice el cardiólogo de IMQ, Mateo Calvo San Juan.

Los primeros casos, los que llamaron la atención de la ciencia, comenzaron a verse ya en los años 90. En España, por ejemplo, la literatura científica recoge la historia de una mujer de 43 años en tratamiento contra la endometriosis que decidió comer pastillas juanolas para combatir la ansiedad que le provocaba haber dejado de fumar. La buena señora se comía como 50 juanolas al día, que venían a ser 83,11 miligramos de extracto de regaliz.

El hallazgo de la clave

Llevaba diez años, la paciente, sometiéndose a revisiones médicas anuales en su lugar de trabajo y nunca había tenido problemas con la tensión arterial. Siempre perfecto. Hasta que, de pronto, se le dispararon los registros. 145 para 'la alta' y 100 para 'la baja'. Aunque tomaba anticonceptivos orales «de forma crónica» –que podían provocarle el mismo efecto–, un familiar médico la tranquilizó y le advirtió de que seguramente su problema venía del regaliz. Dicho y hecho. En sólo un mes, sus registros de tensión arterial (que es la fuerza que ejerce la sangre al viajar por las venas) regresaron a la normalidad (120/70).

Su relato no fue el único. La misma historia se repitió en tantos pacientes que la ciencia se decidió a buscar una explicación. La respuesta fue descubierta por Edwards y Funder en 1988. El regaliz contiene una sal cálcila llamada glicirrina, que anula la acción de una encima –el cortisol– encargada entre otras tareas de incrementar los niveles de azúcar. Al estar inhibida, sube la presión arterial.

¿Se puede comer, sí o no?

La sociedad de medicina de Irán descubrió que el consumo de 1,3 gramos de regaliz puro durante diez días produce trastornos en la producción de la testosterona de los hombres, algo que a la larga se traducen en una «cierta pérdida» de deseo sexual. Tampoco se aconseja su consumo cuando se está embarazada. ¿Por qué? Porque un estudio finlandés demostró que los niños de madres que habían abusado de la golosina veían dañadas sus habilidades cognitivas. Además, el riesgo de aborto espontáneo también aumenta.

¿No hay que comer regaliz?¡Claro que sí! Pero como todo, de forma moderada. Como especia, está cada vez más extendido su uso en la cocina. Las 'chuches', de vez en cuando, pueden resultar hasta divertidas, sabiéndose que no son ni siquiera una merienda. Al regaliz, además, se le atribuyen propiedades digestivas, antiulcerosas y antiinflamatorias. Pero... hay que saber lo que se toma.