Nutrición: la ciencia y el boca a boca

Nutrición: la ciencia y el boca a boca

Los dichos tradicionales y la costumbre han convertido en palabra de ley hábitos culinarios de dudosa fiabilidad. Es mejor dejarse guiar por los expertos

ISABEL YAGÜENutricionista del Departamento de Endocrinología y Nutrición de la Clínica Universidad de Navarra

Lo has escuchado de tus abuelos, de tus padres e, incluso, de tus amigos: «se puede comer de todo con moderación» o «he empezado la dieta y tengo que evitar los hidratos de carbono, a partir de ahora dejo de tomar pasta». Son afirmaciones que, en ocasiones, se consideran verdaderas informaciones aunque en realidad proceden del boca a boca o de las tradiciones. Tanto es así que si se consultan con un profesional, descarta cualquier atisbo de evidencia científica a día de hoy.

«No es recomendable tomar fruta de postre»

Falso. Es necesario consumir más fruta, da igual el tipo y el momento del día. De hecho, según fuentes del Ministerio de Sanidad, solo el 43% de la población española toma hortalizas cada día y solo el 37.8% come fruta diariamente. Se trata de un consumo totalmente insuficiente para un grupo de alimentos que deben ser la base de la alimentación, según la Organización Mundial de la Salud. De hecho, la OMS afirma que un consumo mínimo de 400 gramos al día podría salvar 1,7 millones de vidas al año. Es habitual ver en la consulta personas que tienen miedo a comer plátano o uvas porque les han dicho que engorda, pero que consumen con naturalidad galletas o bollería. Al pensar que la fruta no se debe tomar de postre se decantan por opciones nada saludables, como un yogur azucarado o postres con azúcares añadidos.

«Leche y yogures, mejor desnatados»

Este es un tema que aún no es concluyente, aunque existen estudios que muestran que la grasa de los lácteos no es perjudicial a nivel cardiovascular. Lo mejor es, si tenemos dudas, acudir a un dietista-nutricionista que determine el tipo más idóneo en cada caso concreto (según la alimentación, rutina deportiva, peso…). Los lácteos enteros aportan en torno a un 3% de grasa, por lo tanto, no es una cantidad muy elevada y esta grasa mejora la aceptación del producto y conlleva una mayor saciedad al consumirlo respecto a uno desnatado. Lo más importante a la hora de elegir los lácteos no es la grasa sino el azúcar añadido.

«No pasa nada por tomar pavo y jamón ibérico a diario, puesto que son de buena calidad y bajos en grasas»

Es habitual también encontrar personas que consumen a diario este tipo de productos porque los consideran sanos y sustitutivos de un alimento proteico fresco (carne, pescado, huevo...). Sin embargo, aunque el pavo tenga poca grasa y el jamón sea de la mejor calidad, son carnes procesadas y tanto la OMS como el Fondo Mundial de Investigación del Cáncer aconsejan evitar: es decir, cuanto menos, mejor. A la hora de consumir un embutido es recomendable que sea de la mejor calidad posible, pero el consumo debe ser ocasional.

«Si estás a dieta, es mejor evitar los hidratos de carbono»

La palabra hidratos de carbono se suele emplear para referirnos a pasta, pan o arroz, pero tenemos que ser conscientes de que estos también están presentes en las frutas, las verduras o en los lácteos. Lo más importante es valorar el patrón de la dieta en su conjunto y evaluar si la ingesta es adecuada en calidad, cantidad, frecuencia de consumo y actividad física que realiza el individuo. Hay que priorizar como fuente de hidratos de carbono en la dieta las frutas, verduras, legumbres y cereales integrales mínimamente procesados. En el caso del pan o pasta, lo ideal es que tenga harina de cereal integral en vez de harina refinada y salvado, como pasa en la mayoría de los casos.

«De todo con moderación»

Esta afirmación es peligrosa a día de hoy. Hasta hace unos años, la cantidad de productos ultraprocesados era mínima y la alimentación se basaba en alimentos frescos. Pero hoy las proporciones se han invertido y la cantidad de ultraprocesados gana claramente a la de alimentos frescos. Hay que consumir a diario productos frescos, mínimamente procesados y aprender a leer etiquetas nutricionales para elegir con seguridad y criterio. Y, ante la duda, acudir a un profesional de la Nutrición para que ayude a realizar una valoración personal y trasladar estos conocimientos a cada caso concreto.

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