Nutrición: La buena mesa, desde las aulas

Un grupo de niños almuerza en el aula./Citoula
Un grupo de niños almuerza en el aula. / Citoula

Una dieta variada que aporte los nutrientes necesarios y educar en hábitos saludables deben ser las bases de un comedor escolar

CRISTINA AZCONAEspecialista en Pediatría de la Clínica Universidad de Navarra

El verano cambia las rutinas de los más pequeños. Con la vuelta al cole cada vez más cerca, los niños llevan unos meses en los que comen a menudo fuera de casa, los horarios se ven trastocados y productos como los helados se consumen de forma generalizada. Sin embargo, es el turno de volver a los hábitos diarios, especialmente en el sueño y la alimentación. Precisamente, el final del verano lleva a los padres a pensar dónde comerán sus hijos durante el curso escolar.

El comedor del colegio es una de las principales alternativas. El 72,9% de los alumnos de Educación Primaria de la red pública comieron en sus centros escolares en el curso 2016/2017, según el Ministerio de Educación. El colegio se convierte en el lugar donde realizan la comida principal del día y, por ello, cada vez se presta mayor atención a sus menús por parte de padres y centros. Hoy en día está todo bastante controlado por dietistas, por lo que los menús suelen ser equilibrados. En la mayor parte de los comedores escolares se cumplen bien.

Conseguir una dieta variada, con los aportes nutricionales necesarios y educar en unos hábitos saludables son los principales objetivos. Pese a que es cierto que la configuración del menú escolar ha ido mejorando, todavía quedan pasos por dar. Las cifras de obesidad infantil en España han aumentado convirtiéndose en un problema de salud pública. En España, cerca de un 40% de los niños padece sobrepeso u obesidad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Principios inmediatos

Una alimentación infantil debe consistir al menos en cinco tomas al día: desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena. Además, es importante el reparto, no solamente de los principios inmediatos (hidratos de carbono, proteínas y grasas), sino también de las calorías a lo largo de las tomas. Las grasas deben suponer al día un 30-35% de la ingesta, prestando atención a su composición y evitando las grasas saturadas; los hidratos de carbono deben constituir un 45-65% y las proteínas, un 5-20%. Todo ello, acompañado de fibra, vitaminas y oligoelementos y, siempre, limitando al mínimo los productos procesados y los azúcares directos.

En esta línea, ¿en qué debe consistir la comida del comedor? A lo largo de la semana el menú debe consistir en dos días de verdura, otro de legumbre, uno arroz y otro pasta. En cuanto al pescado y la carne, se debe dar preferencia a las carnes blancas (pollo, conejo, pavo o lomo de cerdo) mientras que la ternera se recomienda solo una vez por semana, y la combinación podría ser dos días carne y tres pescado, aunque es más difícil. En cuanto al postre, la especialista añade que es importante intentar que haya fruta la mayoría de los días o, al menos, tres de ellos y dos días yogurt.

Una buena alimentación no reside únicamente en ingerir variedad de alimentos, sino que es importante adquirir buenos hábitos y controlar las cantidades. Las actividades físicas o extraescolares, por ejemplo, pueden demandar una mayor ingesta de hidratos de carbono que serán compensadas en la cena.

Unos buenos hábitos

Controlar que los niños coman todo es una de las tareas de los encargados del comedor. Que los más pequeños sean capaces de comer aquello que no les gusta, que no dejen comida en el plato o la tiren. Pero una educación alimentaria no se queda ahí, sino que se alerta también del efecto contrario: que no repitan sin control. Tenemos el problema con los niños obesos que muchas veces repiten, por lo que es necesario tener un control. Está mal visto que el niño no coma, pero está bien visto que el niño repita, sin tener en cuenta que puede llegar a tener problemas de obesidad si uno no se da cuenta en el comedor.

Un objetivo que no solo se consigue en el comedor, sino que es necesario que se complete en casa. Los hábitos obtenidos en el colegio deben reforzarse posteriormente en casa durante la merienda y la cena, al igual que la distribución de los principios inmediatos y calorías. Para ello, es fundamental que las familias conozcan de antemano el menú que van a seguir los niños esa semana y, así, configurar las cenas. Si en el colegio les han dado pescado, el niño a la noche puede cenar huevo o carne. Realmente, con una ración de proteínas al día sería suficiente, pero, si quieren, por la noche pueden complementarlo.

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