Un menú de boda en blanco y negro

Enrique MacLennan y Elisa Arregui en su convite de boda, 26 abril 1911. /Cortesía del Archivo Municipal de Fotografías Antiguas. Fondo Mac Lennan (Ayuntamiento de Muskiz).
Enrique MacLennan y Elisa Arregui en su convite de boda, 26 abril 1911. / Cortesía del Archivo Municipal de Fotografías Antiguas. Fondo Mac Lennan (Ayuntamiento de Muskiz).

En abril de 1911 tuvo lugar en Santurtzi un convite nupcial del que conocemos la minuta y aún mejor, las fotografías

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

Ariesgo de sentar un precedente, lo importante de esta página de hoy es la imagen y no el texto. No suele ocurrir y no porque yo no quiera, sino porque resulta muy difícil encontrar fotografías de época, de buena calidad, relacionadas con la comida y hechas en Euskadi todo a la vez. Pero últimamente nos ha sonreído la suerte, al parecer, y tienen ustedes la oportunidad de ver en primicia esa tímida sonrisa, esos jarrones majestuosos, esas copas boca abajo listas para recibir el vino; esa maravilla, en definitiva, que nos ha prestado amablemente el Archivo Municipal de Fotografías Antiguas del Ayuntamiento de Muskiz.

Lo malo de escribir sobre el pasado no es sólo que cuando les cuento aquí mis historias la mayoría de las veces no conozca personalmente a sus protagonistas, sino que en muchas ocasiones no sé ni siquiera cómo era su cara. No he visto nunca fotografías de Dolores Vedia, autora del primer recetario de Bizkaia en 1873, ni las de Florentina Inchausti, Julene Azpeitia o Manuel Cuervas-Mons (alias Imanol Beleak), por citar a otros cuantos maestros del guisoteo. Tampoco sé cómo era la cocina de las Azcaray en El Amparo, más allá de alguna descripción suelta por aquí o por allá, o el interior del Café Suizo, ése que abrió en Bilbao en 1811 y conquistó luego toda España con un emporio basado en los pastelitos y las tertulias. A veces las palabras sirven para formarse una idea suficiente sobre el aspecto de un lugar o cómo era una persona, pero qué quieren que les diga, verlo con nuestros propios ojos cambia la cosa.

Si yo soy tan fan de la marquesa de Parabere es porque fue una mujer txirene, profesional y con remango torero, pero también la quiero porque su nariz me recuerda extraordinariamente a la de mi tía-abuela Eulogi. Y el día que por fin conseguí un retrato de Nicolasa Pradera me di cuenta de que llevaba pendientes largos, broche y los labios pintados: fue una cocinera coqueta a la vez que curranta.

Vidas de empresarios

Así que ya ven, me encuentro en permanente búsqueda de fotografías de cocinas, comedores y banquetes, cuestión ardua que de cuando en cuando me depara alguna sorpresa como la que les enseño hoy. Estas dos imágenes me las pasó, entre otras, Fernando Juárez, responsable del archivo municipal de fotografía de Muskiz. Allí guardan imágenes que reflejan cómo se vivía antiguamente en este municipio vizcaíno y atesoran colecciones como la del fotógrafo Enrique Piñeiro, quien residió en Muskiz entre 1928 y 1936, o la de la familia MacLennan, saga a la que pertenecen estas fotos de un convite de boda.

La celebración tuvo lugar bajo una carpa instalada en el jardín del palacete de los padres del novio.
La celebración tuvo lugar bajo una carpa instalada en el jardín del palacete de los padres del novio. / Cortesía del Archivo Municipal de Fotografías Antiguas. Fondo Mac Lennan (Ayuntamiento de Muskiz).

Los MacLennan –también escrito Mac Lennan o McLennan– fueron miembros de la alta burguesía vizcaína y cántabra, descendientes del escocés John MacLennan (ca. 1820-1892), que participó como contratista ferroviario en la construcción de la vía Bilbao-Tudela y en el ferrocarril de Galdames. Varios de sus hijos se dedicaron con éxito a la explotación minera, entre ellos Francisco MacLennan White (1847-1928), vecino de Santurtzi y propietario de un grandioso chalet en Mamariga, junto a la iglesia de la Virgen del Mar.

Todo esto lo he descubierto gracias a un blog genial sobre historia santurtziarra (Santurtzi Historian zehar) en el que se desgrana la genealogía de esta familia y en el que aparece la cara de uno de los hijos de Francisco MacLennan, el escocés de Mamariga. La misma cara que ven ustedes aquí arriba, sonriendo el día de su boda. Misma nariz, mismos ojillos, aunque algo avejentados, que nos permiten asegurar casi por completo que ese joven novio es Enrique Antonio MacLennan Marmolejo, nacido en Trapagaran en 1888 y futbolista del Athletic allá por 1901.

Un menú ajustado a los cánones

Gracias a la prensa sabemos cuándo se casó (el 26 de abril de 1911), con quién (la señorita Elisa Arregui), dónde (en la capilla de la Virgen del Mar) y hasta qué comieron los invitados al enlace. Todos estos detalles aparecieron en 'La Gaceta del Norte' del día siguiente, junto al nombre de los asistentes, el menú completo y hasta la autoría del mismo: el Hotel Torróntegui, del que les conté aquí vida y milagros hace poco. Esa carpa de la imagen se plantó en el jardín del palacete de los padres del novio, donde el «Torróntegui ofreció un banquete admirablemente servido con arreglo al siguiente exquisito menú», y a continuación una retahíla de platos en francés, como mandaban los cánones elegantes de la época: entremeses, consomé duquesa, puré de legumbres, salmón con salsa Chambord, langosta a la mahonesa, solomillo Chateaubriand, espárragos en vinagreta, pulardas de Bayona asadas, rosbif a la inglesa, foie-gras a la Bella Vista, helado de vainilla, pasteles de piña, café y cigarros, todo regado por Borgoña 1904, Marqués de Riscal 1900, champagnes Veuve Clicquot y Pommery, jerez González Byass, oporto Bandeira, coñac Hennessy, curaçao rojo, licor de cacao, Chartreuse y Benedictine.

Ahora miren de nuevo la fotografía. Observen a los invitados pillados masticando, los centros de flores, las sillas sobre el césped, las cestitas de pan… a ese camarero que pasa con los platos, o al que atiende a los niños, sentados aparte y dando la murga como en todas las bodas. Olvídense de la distancia que nos separa de ellos y recuerden que hace 100 o 500 años, las personas eran igual que ahora. Comían y celebraban igual que nosotros, aunque las veamos en blanco y negro. Mándenme más fotografías como éstas, que son una joya.

 

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