Jacinto Benavente y los cócteles

Jacinto Benavente y portada del libro 'Mis 500 cock-tails' (1932)./
Jacinto Benavente y portada del libro 'Mis 500 cock-tails' (1932).

El Nobel de Literatura, gran amigo del barman Perico Chicote, prologó en 1932 un recetario de coctelería

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

Durante el otoño de 1932, numerosos anuncios en prensa pregonaron la próxima aparición de una novedad editorial: «Chicote pondrá a la venta su nuevo libro Mis 500 Cock-Tails con un prólogo del ilustre comediógrafo Benavente». Chicote era Perico Chicote Serrano (1899-1977), claro, el barman más famoso de la historia de la coctelería española; y Benavente, don Jacinto Benavente (1866-1954), el dramaturgo que ganó en 1922 el Premio Nobel de Literatura.

Si les parece a ustedes raro que un reconocido escritor de talla mundial prologara el libro de un camarero, es que no están al cabo de la calle del alegre binomio que durante los años 30 unió la vida crápula con la intelectualidad. Cierto es que Benavente era académico de la RAE y a priori un señor serio e ilustre, pero no lo es menos que debido a su carrera como director y autor de obras de teatro se codeó con todo el artisteo de su tiempo. Y los artistas y aficionados a los escenarios iban a en peregrinación al bar de Chicote en la Gran Vía de Madrid, un lugar donde ver y dejarse ver eran tan importantes como disfrutar de un buen combinado.

Constituía entonces el Bar Chicote uno de los centros sociales más activos de la capital. En plena Segunda República fue el espacio predilecto de las élites (artísticas, aristocráticas, políticas o empresariales) para celebrar tertulias y chuflas de diversa índole. Marañón, Ortega o Sánchez Mazas se codeaban allí con actores, cantantes, futbolistas y toreros, y entre copa y copa solía asomar por allí también el ilustre don Jacinto Benavente. Por eso no extrañó, teniendo noticia de su conocida amistad, que el dramaturgo prologara el ya cuarto libro de Pedro Chicote, pero si causó cierta sensación. Se unían oficialmente el moderno mundo de la noche, representado por Perico y sus cocktails americanos, y la inteligencia reverenciada.

«Símbolo de la vida moderna»

La obra, aparecida en diciembre de 1932 y que constaba del breve prólogo de Benavente, una introducción del célebre barman, consejos y recetas, tuvo un tremendo éxito. Se promocionó incansablemente en periódicos, revistas y radio durante meses y en menos de un año salió una segunda edición ampliada al precio de 6 pesetas. ¿Y qué contaba el Nobel en él? Pues dejó clara su afición por los cócteles —«símbolo de la vida moderna en la que todo se mezcla»— y su admiración por los camareros, a quienes llamó «artistas de las mixturas». Según él, una coctelería no era tan distinta de una taberna tradicional.

Ambos negocios eran instituciones públicas en las que disfrutar en un ambiente relajado, con la ventaja de que en un bar normalmente los clientes (los «parroquianos pelmazos») no se eternizaban frente al vaso ni se limitaban a una sola consumición. Y lo que importaba realmente para que una bar pudiera triunfar tanto como el de Chicote no era dónde estuviera, ni las combinaciones que entraran en la coctelera, sino la pericia del oficiante: «un bar no necesita estar en un sitio céntrico ni visible; su crédito importa más que la situación y su crédito-aprendan esto bien los dueños de bares- depende del barman, su moderno nigromántico, y de su habilidad para preparar cócteles».

Tanto halago fue correspondido por Chicote con un cóctel especialmente dedicado al escritor, cuya receta figura a continuación.

Jacinto Benavente cocktail

Prepárese en cocktelera: unos pedacitos de hielo, una cucharada pequeña de jugo de naranja, media copita de Gordon Dry Gin, un cuarto de copita de Curaçao y lo mismo de Kirsch. Agítese muy bien y sírvase en copa de cocktail con una guinda.