¡Menos dulces en fiestas, chavales!

¡Menos dulces en fiestas, chavales!

Diciembre, con las navidades al fondo, constituye todo un desafío para el 25% de niños y adolescentes vascos con exceso de peso. Las fiestas pueden distrutarse, pero con moderación

FERMÍN APEZTEGUIA

Cuando comienzan las navidades, cada vez más, uno comienza a tener la sensación de haberlas vivido ya. No por el recuerdo de las del año anterior, sino porque sin haber recogido aún la parrilla de verano, las estanterías del supermercado, los anuncios de la televisión y, desgraciadamente, también nuestra cesta de la compra comienzan a llenarse de turrones y dulces de todo tipo. ¡Navidad, Navidad! Deliciosos, pero muy peligrosos.

Y lo malo no es que entren en casa, sino a partir de noviembre intentan colarse en la mesa casi a diario, para desgracia de toda la familia, pero especialmente de los chavales. No se puede estar todos los días, durante casi dos meses, a base de bombones, mantecados y polvorones. El exceso de peso afecta en Euskadi al 25% de la chavalería y la obesidad al 18%. En el conjunto de España, la suma de una y otra supera ya el 40%. La epidemia de sobrepeso infantil necesita freno y el trabajo para ponerlo comienza en casa. «Podemos hacer de las navidades una fiesta, pero no todos los días», advierte el especialista médico Julio Maset, director científico de Laboratorios Cinfa. La compañía de Pamplona ha publicado recientemente un estudio sobre nutrición infantil basado en los resultados de una encuesta a más de 3.000 hombres y mujeres de todo el país.

El trabajo contiene algunos datos realmente preocupantes, pero dos de ellos destacan sobre todos los demás. Casi la mitad de los padres, el 43,1% en realidad, reconoce que el peso de sus hijos no es el adecuado, pero no toma medida alguna para resolver el problema. Si esta realidad sorprende, atento a la siguiente: El 28,6% de los encuestados –no es un tercio pero tampoco anda lejos– no se sienta a la mesa con ellos ni siquiera una sola vez al día ;y el 20% menos de tres veces por semana.

Más comunicación y menos móviles

«La comida no es un mero trámite para alimentarse, sino un acto social, que tiene a la familia como protagonista», alerta el experto. Siete de cada diez chavales –¡nada menos!– se sientan a la mesa con la cabeza metida en una pantalla... «Comer con tus hijos, dejando fuera tabletas, tele y móviles, favorece la comunicación, ayuda a estrechar lazos familiares y es, posiblemente, el mejor momento para charlar sobre el valor de una dieta sana». Las navidades pueden ser el mejor momento.

El primero mal hábito que deberían llevarse Olentzero, Papa Noel y los Reyes Magos en sus sacas es el de atiborrarse a porquerías desde noviembre. Las fiestas han de ajustarse a los cinco días que siempre fueron; y si se tiene en casa algún hijo con problemas de sobrepeso u obesidad, hay que ayudarle con ejemplo y comprensión a que no se pase con las cantidades.

Paseo en familia

Una buena forma de hacerlo consiste en elaborar menús balanceados nutricionalmente para toda la familia. La mesa de Navidad, debe poder disfrutarse sin que nadie tenga que arrepentirse luego de haberse dado las panzadas del año y haber acumulado esos tres o cinco kilos de más que luego cuesta tanto quitar. Un único plato fuerte con pescado para la cena y carne para las comidas podría ser una solución. «No hace falta esconder los dulces, pero pasada media hora de sobremesa se pueden retirar para evitar una tentación permanente», aconseja Julio Maset.

Después, un paseo de media hora en familia, especialmente los días de Navidad, Año Nuevo y Reyes, constituye el mejor postre navideño. Ayudará a bajar la comida, a quemar calorías y, por supuesto, a hacer familia. Si además, idea los menús y hace las compras con ellos hablándoles de salud y nutrición, fantástico. Quizás la Navidad sea un poco más feliz.