La naranja y su vida más allá del frutero

La naranja y su vida más allá del frutero

Imprescindible en el frutero de invierno, tiene mucha vida en la cocina en primeros y segundos platos, fríos y calientes

ISABEL LÓPEZ

En zumo o entera, como postre o para matar el hambre entre horas, la naranja es el cítrico más consumido y una fruta omnipresentes en los hogares y en los menús del día de bares y restaurantes. Refrescante, jugosa y fácil de comer, es una excelente fuente de vitamina C, necesaria para la salud y recomendable aún más en invierno, porque están de plena temporada y porque ayudan al organismo frente a los resfriados y la gripe.

Comer una naranja o tomar su zumo a diario no está reñido con emplearla en la cocina como ingrediente de recetas, y no sólo en repostería para hacer galletas, pasteles, bizcochos o para aliarse con el chocolate en una combinación para muchos irresistible. Como ocurre también con la mandarina, esta fruta va de perlas en ensaladas verdes, con escarola, por ejemplo. O con espinacas, algo de queso azul y frutos secos, sean nueces o pistachos. También en ensalada, la naranja es pareja perfecta para el bacalao ahumado o fresco, si previamente lo pasamos por la plancha: con unas pocas alcaparras y una vinagreta se convierte en una exquisita ensalada templada.

Si nos decantamos por platos calientes, podemos utilizarla tanto con carnes como con pescados. Lubina, dorada y besugo son algunas de las especies que mejor casan con salsas que incorporen este cítrico, además que podemos cocinarlas en rodajas al horno junto al pescado. Su zumo proporciona un sabor especial a carnes duras como la de caza, al margen de que marinada en ese zumo su carne se ablanda. La naranja también neutraliza la grasa de los guisos de cerdo y, sobre todo, de ternera si incorporamos directamente su jugo a la cazuela. Mención aparte merece un clásico de la gastronomía: el pato a la naranja, cuyo origen se disputan franceses e italianos. Naciera donde naciera, el plato demuestra las posibilidades de esta fruta.

La reina más dulce

La naranja tiene una historia milenaria. Los primeros cultivos se dieron en China y se expandieron a Europa y África por la Ruta de la Seda. Los árabes introdujeron el naranjo amargo en Europa por el sur de España en el siglo X y el dulce comenzó a cultivarse a finales del XV. En la segunda mitad del XIX Brasil proporcionó una fruta más dulce, sin pepitas y muy jugosa que agricultores de Estados Unidos llevaron a California. Así comenzó la variedad Navel, la más consumida como naranja de mesa gracias a la producción de países como Brasil, Italia o España.

Recetas

Una receta sencilla para alegrar un pollo. Para cuatro personas se necesitan otros tantos muslos de pollo que, salpimentados, pondremos en una cazuela con aceite bien caliente. Retiramos la carne cuando se dore y en ese aceite pochamos dos cebollas en juliana, a las que incorporamos medio vaso de vino blanco. Subimos el fuego hasta que se evapore el alcohol para añadir después el zumo de tres naranjas y una hoja de laurel y orégano. Guisamos a fuego suave hasta que los muslos estén tiernos y disolvemos una cucharada de miel en la salsa para obtener un plato con toque agridulce.

Y otra para conseguir azúcar perfumado. Con la piel de la naranja podemos hacer en casa un azúcar aromático. Basta con introducir en un tarro con azúcar cáscara de la fruta, bien lavada para eliminar restos de componentes químicos y sin la parte blanquecina más pegada a la pulpa. Podemos utilizar ese azúcar para preparar un bizcocho y otras recetas reposteras o endulzar un café.