De temporada: Berros

De temporada: Berros

Su sabor entre picante y dulce le hace idóneo para las ensaladas, aunque se puede degustar mezclado con más verduras y otros alimentos

ISABEL LÓPEZ

Las pequeñas hojas de los berros tienen un aroma diferente a la lechuga, la espinaca o la acelga y un sabor más intenso y fresco, sutilmente picante pero con un punto de dulzura que recuerda en parte al sabor de la mostaza. Estas características favorecen que sea una planta excelente para mejorar la digestión, lo que unido a su textura crujiente la convierten en una verdura idónea para elaborar ensaladas, su principal destino culinario. Podemos encontrar en el mercado berros agrupados en manojos por sus tallos, que hay que lavar muy bien bajo el grifo de agua fría y consumir antes de 48 horas para garantizar su frescura, ya que su vida útil es muy corta. Lo más habitual es comprarlos en los supermercados ya limpios, envasados en bolsas y listos para consumir.

Aunque los berros cocinados proporcionan exquisitos purés y cremas junto a otras verduras y pueden ser coprotagonistas de potajes, es en crudo como más se consumen. Por sí solos, con un simple aliño de sal, limón y aceite, son una buena guarnición para carnes y pescados, al horno o a la plancha. Y en ensaladas variadas casan muy bien con otras verduras y hortalizas: canónigos, granada, zanahoria, remolacha, maíz, escarola, apio y lechugas varias son perfectos compañeros de viaje. Otro tanto ocurre con un buen número de frutas, entre las que destacan melocotón, frambuesas, manzana y mango, y frutos secos, que aportan además otras texturas y contrastes de sabor.

Si a estos ingredientes unimos algún queso fresco la ensalada aporta ya proteínas suficientes para conseguir un alimento de lo más completo y refrescante para una comida o cena de verano. En bocadillos y sándwiches, los berros pueden sustituir a la lechuga ya que resaltan mucho más el sabor del resto de ingredientes elegidos, como pavo, queso, jamón o huevo cocido.

Cultivo peculiar

El berro es una planta que, silvestre, crece en aguas estancadas o con poca corriente como manantiales, arroyos y orillas de los ríos. Los que compramos son cultivados pero su origen subacuático determina que su siembra sea diferente a la de otras verduras. Se plantan en unas largas fosas de unos 50 metros de longitud por dos o tres metros de ancho y medio metro de profundidad, con tierra que asegure el flujo de agua y su renovación. Conforme la planta crece es necesario introducir agua hasta alcanzar los 15 o 20 centímetros en el periodo final del cultivo.

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