El regalo de las fresas silvestres

El regalo de las fresas silvestres

La variedad europea, más pequeña y esponjosa, es una delicada explosión de sabor y aroma

ESPERANZA PELÁEZ

Es ley de vida en cualquier actividad agrícola o ganadera que las especies más productivas y resistentes desplacen a las más delicadas y menos rentables, y eso ocurrió, a partir del siglo XVIII, con la fresa de bosque, que en realidad no es la variedad silvestre de la fresa cultivada, sino su prima europea, que lleva el nombre científico de Fragaria vesca, mientras que las que conocemos como fresas o fresones son producto de un cruce accidental de dos especies llegadas de América, la Fragaria chiloensis, originaria de Chile, y la Fragaria virginiana.

Estos frutos, más grandes y de vida más larga, desplazaron la siembra con fines comerciales de la fresilla europea, cantada por poetas latinos y aún muy apreciada y cara salvo para quienes son capaces de encontrar las que crecen espontáneamente en zonas boscosas umbrías y frescas de la Cornisa Cantábrica en primavera y verano.

A simple vista, unas y otras se distinguen para empezar por el tamaño, pero también por los tonos blanquecinos y amarillos de la superficie y el interior y por el de las semillas, de color rojizo, mientras que en fresón son amarillas. En la boca, la textura es cremosa y el sabor más concentrado. Algunos, con perdón, lo comparan con el del chicle de fresa, sin las notas de piña de la fresa americana pero, a cambio, con un lejano recuerdo a clavo debido, como explica Harold Mc Gee, a la presencia de eugenol.

Aunque es difícil que retornen al cultivo masivo, entre otras cosas porque el peso medio de una pieza no llega ni a 1,5 gramos y para completar un kilo hacen falta 700 unidades en una recolección meticulosa tras un desarrollo lento, estas fresitas son un regalo para el paladar que por estas latitudes solo se puede disfrutar desde estas fechas hasta finales del mes de julio. Para comerlas, no lo dude, nata de calidad semimontada y un poco de azúcar.

Dado que son difíciles de encontrar en el mercado, una buena manera de proveerse de fresas silvestres es cultivarlas en casa, y resulta especialmente emocionante si participan los peques de la casa, aunque luego el botín sea más difícil de repartir. Las semillas se pueden comprar en Internet (hay muchas páginas web de venta, hay que asegurarse de comprar Fragaria vesca y no otra variedad). Y en la web de horticultura doméstica Plantea tu Vida en Verde (www.planteaenverde.com) además te dan consejos para cultivarlas, y venden guías y talleres.

Caprichos gourmet

No hay muchos productos en el mercado elaborados con auténtica fresa de bosque, pero la mermelada de fresa de bosque de Mermeladas Málaga (www.mermeladasmalaga.es), elaborada con los excedentes de fruto cultivado en ecológico de la empresa Arzagot, es una delicia y se vende online (6,05€/280g), y la destilería centenaria familiar Bepi Tossolini, de Udine (Italia) elabora un licor de fresas de bosque espectacular, perfecto para tomar solo, en cócteles o en postres (28€/70ml), en www.bepitosolini.it. Lo mejor, pescar las fresitas del interior de la botella.