Decálogo del perfecto bebedor del vino de Rioja

El antiguo vaso de txikitero./
El antiguo vaso de txikitero.

En 1963 se editó un folleto sobre los vinos de Rioja (Alta, Baja y alavesa) destinado a atraer al cliente anglosajón

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

El centro de documentación de la Fundación Vivanco (Briones, La Rioja) es una joya, un lugar en el que encontrar cualquier tipo de información curiosa relacionada con el mundo del vino: carteles, manuscritos antiguos, tratados sobre vinificación, postales, recetas… Entre su colección figuran varios documentos relacionados con la Rioja alavesa, como es lógico, pero lo que me trae hoy aquí es un curioso folleto divulgativo sobre los placeres del vino. Editado en 1963 por la Dirección General de Expansión Comercial (una especie de Marca España de la época) y escrito en inglés, aspiraba a cantar al público anglosajón las excelencias del vino de Rioja alavesa, Alta y Baja.

Con imágenes de Haro, Laguardia o Nájera, este folleto pregonaba las bondades del Rioja describiéndolo como exquisito y puro, «tan puro como el Burdeos francés pero más vino». Ese «más vino» se refiere a que, según el texto, mientras que el Burdeos tenía un porcentaje alcohólico de entre 8 y 12, lo normal del Rioja es que estuviera entre los 12 y los 14. Más embolingante, mejor. En aquellos primeros años 60 los vinos españoles intentaban abrirse camino en el mercado extranjero haciendo hincapié en el hecho de que eran más baratos que los franceses, siendo de igual o mejor calidad, y en que aguantaban perfectamente un largo viaje. En este folleto, por ejemplo, pone que «el buen vino de Rioja resiste cualquier temperatura y las condiciones de transporte más duras sin perder ninguna de sus nobles cualidades».

Pensando en un posible lector sin demasiados conocimientos, esta obrita establecía claramente qué platos debían servirse con cada tipo de vino. El blanco de Rioja era especialmente adecuado para «entradas ligeras, pescado y marisco», el rosado para cualquier comida de carne y el tinto para las aves, «un vino especial para el pollo asado, la preparación de caldos y ciertos platos principales». A continuación viene el decálogo del perfecto bebedor de los vinos de Rioja (Decalogue of the perfect drinker of Rioja wines), un conjunto de reglas destinadas a orientar al consumidor y que ahora, más de 50 años después, pueden resultar curiosas:

1. Cada plato requiere un tipo diferente de vino. Debe elegir usted mismo el vino adecuado para ser servido en cada servicio.

2. No cambie de botellas, continúe durante la comida bebiendo el tipo de vino que su paladar ya conoce.

3. Los tintos de crianza —y algunos blancos— deberán ser tratados con delicadeza antes de llevarlos a la mesa, sin agitar.

4. Compruebe usted mismo que el vino servido es exactamente el que pidió, no es un gesto de mala educación. Haga descorchar las botellas en su presencia.

5. Cada tipo de vino necesita una temperatura diferente. Compruebe si es la adecuada antes de abrir la botella.

6. Una vez se haya servido el vino en las copas -ni demasiado llenas ni demasiado vacías-, procure que las botellas queden a la vista. No hay mejor adorno en la mesa que la presencia de un vino prestigioso y excelente.

7. No vacíe la botella hasta la última gota; los posos deben quedar en su fondo como prueba de la nobleza del vino que ha contenido.

8. Escuche atentamente los gustos de sus acompañantes en materia de vino. Después, seleccione el más adecuado acorde a sus gustos, necesidades y a los platos que les servirán.

9. La calidad es mejor que la cantidad. Los vinos malos pueden arruinar una buena comida.

10. Seleccionar vinos es un arte que afirma la personalidad de un buen connaisseur. Dentro de los vinos de Rioja podrá usted encontrar todas las variedades y matices que el buen gusto requiere.