Cocineros

Alfonso Zubieta y Roberto Azkuenaga: «El vecino de arriba es un santo»

Zubieta, a la izquierda, brinda con Azkuenaga./FERNANDO GÓMEZ
Zubieta, a la izquierda, brinda con Azkuenaga. / FERNANDO GÓMEZ

ANE ONTOSO

Hoy toca merluza con pimientos. En taquitos y albardada, sin fantasías. «De la forma más vieja. Si el género es bueno queda muy jugosa. Me gusta mucho y no tiene nada: paciencia y fuego». Roberto Azkuenaga llega cargado de bolsas de la compra al txoko Geuk Egiña de Llano (Barakaldo). Es viernes. Allí le espera Alfonso Zubieta que le ayudará con el acompañamiento. «Aquí cocinamos todos, aunque algunos mejor que otros», advierte con una sonrisa mirando a su amigo.

Geuk Egiña se fundó en 1999 donde décadas antes despachaba cafés y txikitos el bar de Angulo. De aquella taberna solo queda hoy la puerta. Los primeros socios se encargaron de revestirlo de piedra y rehacer la barra. Los siguiente lo pintaron, pusieron lámparas LED y adecentaron la puerta trasera. «Este txoko se hizo a mano. Carlos Lasa, alma mater, trabajó mucho en la reforma», destaca Zubieta. Se constituyó como sociedad naturalista, aquella que «tiene por objeto social potenciar el conocimiento de la naturaleza, minerología, micología, fósiles y plantas». Quizá los fundadores llevaran a cabo tal menester, pero en la actualidad -un socio pertenece al grupo micólogico de Cruces- actúa como «txoko gastronómico».

En él figuran 30 socios y no quieren subir el número porque les da «bastante disponibilidad del local, aunque eso nos deje con menos recursos para las derramas». Nada que no solucionen en alguna asamblea con un poco de chorizo y jamón regados con el vino oficial del txoko, Bodegas Viñadores Artesanos (Elciego), o alguno de sus txakolis guipuzcoanos, Sagarmina (Mutriku) y Arregi (Getaria). Cada botella aguarda en la despensa, donde atesoran también un arcón que hasta hace poco contenía «cuatro kilos de alubias que compré en el Último Lunes de Gernika y unos diez kilos de jabalí troceado y limpio para una comida de unas 25 personas».

Zubieta, prejubilado de una conocida entidad bancaria y miembro del grupo Lutxanako Dultzaina Tailer-Eskola desde hace casi 30 años, cuenta que en su casa «siempre se ha celebrado todo alrededor de una mesa» y que, para él, «fiesta y diversión» se asocian con «comida y preparar». Azkuenaga, que trabaja en una empresa de mantenimiento de Amorebieta, confiesa: «En mi casa siempre ha cocinado mi ama. Cuando era chaval, como éramos bastantes hermanos, un día dijo que a partir de ese momento el que llegase a las nueve hacía la cena. Solía estar yo». Así empezó a coquetear con los fogones, aunque fue en un txoko de San Vicente donde empezó a hacer sus primeros platos. Hoy borda la merluza con salsa de chipirón.

Las alubias

Cuentan los dos socios que en la sociedad son más «tradicionales que innovadores», como aquella comida para 40 en la que se sirvió porrusalda, carne a la plancha y de postre queso membrillo y nueces, algo «sencillo». Y señalan la comida de alubias para una treintena que está a la vuelta de la esquina. «Clásicas, con morcilla, costilla... Las hace un fundamentalista que dice que no hay que echar ni puerro, pero creo que aparte de ser buenas tienen que tener un toque», revela Azkuenaga. «Una vez me echaron la bronca porque no traje tocino y lo tuve que escuchar durante días -se queja Zubieta divertido-. Pensaba que estaba demodé, pero no...».

-¿Qué es lo mejor del txoko?

-Zubieta: Los hamaiketakos antes de comer. Ponemos anchoas, txakoli, txistorra, panceta... mientras charlamos, vamos picando cebolla, puerro y hacemos un poco el tonto.

-Azkuenaga: A mí me gustan las comidas con los amigos del trabajo. En la próxima comeremos lasagna con verduras.

Ambos socios coinciden en que tienen una ventaja: «El vecino de arriba es un santo. Hemos llegado a celebrar hasta una boda de unos amigos que llevaban juntos más de veinte años. «No es lo normal, pero fue algo especial -rememoran-. Lo que no hay que hacer es cantar por la noche».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos