Victoria Cañas: «En Francia vi una admiración por la bodega, el viñedo, que aquí no existía»

Victoria Cañas: «En Francia vi una admiración por la bodega, el viñedo, que aquí no existía»
TXETXU BERRUEZO

La bodega familiar de Elciego, cuyos vinos alcanzan calificaciones top, abre las puertas de sus calados horadados a cuatro niveles y sus más modernas instalaciones

ELENA SIERRA

Si se visita la bodega Díez-Caballero, en Elciego, casi con toda seguridad será la propia dueña la que les cuente a los interesados qué están viendo, qué están pisando, por qué todo eso está (o más bien sigue, permanece) aquí. 'Todo eso' incluye los cuatro niveles de calados que, «como un camino de serpiente», se adentran en la roca desde un lejano siglo XVI –«y que nos indican que ya entonces este del vino era un comercio interesante»– y, en el otro extremo, los últimos avances tecnológicos para elaborar y promocionar por todo el mundo sus 'creaciones'; tampoco hay que olvidarse, que es lo básico, de unos viñedos en propiedad que se desparraman por laderas de suelos distintos de entre 350 y 600 metros de altitud, que son muchos de ellos viejos y que solo producen tempranillo.

Bodega Díez Caballero (Elciego)

Dirección
Carretera de Laguardia, 53 y 73.
Teléfono
944630938.
Web
www.diez-caballero.es

Aquí toda la Historia está a la vista... y a menudo solo hace falta alguien que sepa de ella para poder interpretarla. Esa es, aquí, Victoria Cañas. «Todo se refleja perfectamente en la bodega vieja y la nueva y la torre en la que tenemos la sala de catas está abierta al paisaje, a la luz, a los viñedos, para que veamos mejor de qué se trata». Cañas, que el año pasado fue nombrada Ilustre de Bilbao por su trabajo como bodeguera de Rioja Alavesa –hay pocas– y por otras actividades como haber estado en el equipo de mujeres que capitaneó la creación de la asociación Mujer Siglo XXI, dice que llegó a este punto «en un proceso muy natural».

La cosa venía de familia y en la familia sigue, con sus hijos Victoria y Antonio también a pie de viña. Ese legado lo tenía en mente desde hacía mucho. «Fui a estudiar a Francia y allí vi que existía una admiración por la bodega, por el viñedo, y por las tradiciones que aquí no se tenía. El vino no se vivía así en el País Vasco», recuerda. Cañas era, de su familia, la que iba habitualmente a Elciego –«es una villa», como remarca, de la que no se cansa de hablar– y su marido tenía también afición por el campo, con lo que la pareja no tardó en comenzar a vivir su sueño, enraizado en los viñedos de ambas partes.

Ventas en el extranjero

Hay que tener en cuenta el marco temporal: habla de cuando los vinos se vendían a granel y de un poco más adelante, cuando parecía que toda aquella historia podía perderse porque el mercado estaba cambiando y no todo el mundo tenía la visión o los recursos para adaptarse. «Estábamos vinculados a ese mundo y no queríamos perderlo. Ahora nuestros hijos nos siguen». No sería hasta 1979 que aquí se embotellara por primera vez; después vendrían otras grandes fechas, como ese 1987 del primer Reserva, ese 1998 de la primera exportación a Nueva York y Suiza y, por citar una muy reciente, este 2019 en el que por primera vez tienen un pedido de Rusia. «Que se repita», se ríe Cañas.

Una gran parte de sus 100.000 botellas de vino llegan a China, Australia, México, Panamá, Estados Unidos.... «Ese es nuestro cliente más fuerte», dice del último. Así que no es raro que le lleguen visitas de Kentucky, por ejemplo. Y de otros muchos puntos del planeta. Ese, dice Cañas, es uno de los puntos fuertes del mundo de la enología: que abre puertas y ventanas, que hace que circulen las cosas. «Te trae noticias. Puedes estar en un pueblo pequeño pero vivir esa internacionalización y esa sofisticación. El comercio del vino es muy interesante».

Vinos con personalidad

Lo es la producción, asegura, y lo es una historia en evolución que requiere de quienes viven apegada a ella que estén siempre atentos. «Hay que vivir pendiente de todo, desde la tormenta que viene hasta las oscilaciones del mercado. Pero así es como hemos ganado la batalla del prestigio los vinos de Rioja Alavesa». Cuando habla, Cañas habla de los suyos y de los de otros. Se refiere casi siempre a toda la comarca, a una forma de vida ligada a la elaboración «de unos vinos que no se consiguen en otros países», y lo hace esperando que llegue a ser «Patrimonio de la Humanidad. Es un mundo que nos puede hacer soñar».

De sus propios vinos, que de eso se trata aquí, dice que «vienen de viñedos viejos y tienen bastante personalidad, son muy ricos en taninos y consiguen una suavidad de terciopelo». De Vendimia Seleccionada, que James Suckling sitúa por segundo año consecutivo dentro del top 100 de los Vinos de España, explica que «más que beber vino, es la oportunidad de convertir una comida sencilla en una tertulia de dos horas acudiendo con frecuencia a la copa».