La Oliva vuelve a sus orígenes

Dos monjes recogen uva en los viñedos cultivados en los alrededores de La Oliva./
Dos monjes recogen uva en los viñedos cultivados en los alrededores de La Oliva.

La bodega decana de Navarra, que elabora vino desde el siglo XII, recupera los medios ancestrales para vendimiar la garnacha autóctona. El rico patrimonio del cenobio acrecienta el valor de la visita

ELENA SIERRA

Decir que en el monasterio de Santa María de La Oliva llevan haciendo vino de forma ininterrumpida desde el siglo XII suena a exageración, pero es lo que hay (más o menos, salvando algunos de esos periodos complicadísimos de la Historia). En este rincón a 15 kilómetros de la ciudad de cuento de Olite, con su castillo y sus calles medievales, y casi pegado al Parque Natural de las Bardenas, con su estética más bien de película del Oeste o de Ciencia Ficción, fundaron allá por el año 1134 su casa los monjes cistercienses venidos de Francia, donde la orden había nacido el siglo anterior. Su cultivo principal: la uva. Desde entonces hasta hoy. La bodega fue reformada hace más de un siglo y le sacaron las viejas tinajas y la convirtieron en sala de reuniones, así que es parte de lo que pisa el huésped cuando se adentra en las dependencias del monasterio. La bodega nueva, construida en 1912 como el primer edificio de hormigón de Navarra, está al otro lado de la carretera y sobre ella se hallan las viñas. Normalmente no se visita a no ser que haya algún grupo interesado en ello.

El vino del monasterio ha pasado por muchas épocas, y acaba de comenzar una nueva, acorde a los tiempos. En 2015, explica el abad, Isaac Totorika (de Ermua, estuvo muchos años en la colegiata de Zenazurra), se decidieron a recuperar el control de la producción de principio a fin –tras unos años en que la bodega no había estado en sus manos– y a apostar por la diferenciación con respecto a los otros vinos de la Denominación Origen Navarra. No en vano esta es la bodega decana de la comunidad foral, y había que reflejar toda esa historia en lo que se embotellaba. El resultado son los vinos Viña Santa Magdalena, Viña Santa Teresa y Viña Santa María... «Que es la reina del Monasterio», dice el abad. «Hay muy poco porque se produce en poco más de una hectárea».

Vino artesanal

Tampoco son muchas más las que se trabajan para los otros dos caldos. En total, de las 24 hectáreas que tiene La Oliva en Navarra, son seis las que están en el embrión de esta apuesta por un vino «artesanal» que es toda una vuelta a los orígenes. «Hace 30 años fueron los monjes de La Oliva los que comenzaron a poner la viña en espaldera y metieron la vendimiadora en los viñedos», recuerda Totorika las innovaciones. «Ahora, volvemos a hacer un proceso artesano, en el que todo se hace evitando la mecánica en la medida de lo posible. Se coge lo que pondríamos en la caja de una frutería, seleccionando mucho, cuidándolo mucho».

Se busca una uva de una sanidad ejemplar y una maduración perfecta llena de fruta y alto contenido en polifenoles. Es ecológico, claro, y además de garnacha, una uva que había estado de capa caída pero que ahora muchos bodegueros están recuperando. «Es la variedad autóctona. En su época, aquí se quitaron laderas enteras de garnacha... Pero en eso también volvemos a los orígenes».

Las botellas de este vino «especial» se pueden comprar en las tiendas de los monasterios –en La Oliva y, más cerca, en Zenazurra–, como los otros que elaboran (con las variedades tempranillo, merlot y cabernet). Pero sobre todo funcionan en la venta a la avanzada o en premier, es decir, la compra antes de que la bodega lo saque al mercado, cuando el vino aún está en crianza. El primer año hicieron una subasta por medias barricas. Ahora lo hacen por lotes. El de 18 botellas de Viña Santa Magdalena, 24 botellas de Viña Santa Teresa y tres de la estrella, Viña Santa María, ronda los 700 euros. Hay otras modalidades. Y cada botella, individualmente, cuesta 21 euros (ahora se están comercializando las de 2016, la primera añada de esta nueva época en la producción).

Fresco y jovial

¿Y cómo son, con las diferencias que las características de cada año le aporta al fruto, estos caldos? Veamos. Santa Teresa, que viene de la parte más alta y de tierra más suelta, «es fresco, jovial, más fácil de beber, es la más joven de estas garnachas», describe el abad. Santa Magdalena, de un terreno más profundo, «tiene un mayor equilibrio en aromas –con frutas y regaliz–, notas más maduras y más cargado». Y Santa María es «más delicada y más larga, con un baile de sabores en boca y más matices. Es muy agradable y tiene un final muy dulce».

La Oliva tiene, además, otras 18 hectáreas de viñedo, de los que se recoge la uva con la que elaboran el resto de los vinos. Y tiene, cambiando de tercio –aunque para los monjes del Císter todo está ligado desde hace mil años–, una iglesia románica de la que el actual abad dice, resumiendo mucho, «que te caes cuando la ves». Con más palabras, esto significa que «es un edificio único, Císter puro, impresionante. Hay que venir a La Oliva solo por verla, no hace falta ni silencio ni fe».

Monasterio de la Oliva (Carcastillo)

Cómo llegar
El cenobio se encuentra a 70 kilómetros de Pamplona y a 15 de Olite.
Teléfono
948725006.
Visitas
Todo el año. De lunes a sábado, de 9.30 a 12.00 y de 15.30 a 18.00. Domingos y festivos religiosos, de 9.30 a 11.30 y de 16.00 a 18.00.
Web
www.monasteriodelaoliva.org

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