José Ramón Calvo: «Para abrir mentes hay que abrir botellas»

José Ramón Calvo: «Para abrir mentes hay que abrir botellas»
JORDI ALEMANY

La concesión del galardón al mejor vino blanco en Bruselas confirma el talento del enólogo de la bodega Gorka Izagirre. «Es un premio para todas las bodegas de la DO Bizkaiko Txakolina»

ELENA SIERRA

El enólogo de la bodega Gorka Izagirre, Joserra Calvo, tiene una imagen en la cabeza, a pesar de que los mayores de la familia le dicen que es imposible que se acuerde, que intuye que podría estar detrás de su pasión por la elaboración de vino. Una pasión que hace unos días lo llevaba a ver cómo otra imagen que le ronda desde hace tiempo no solo se hacía realidad, sino que se superaba con creces. Empecemos por esta: el equipo soñaba con que uno de los txakolis de la bodega fuera reconocido con una Medalla de Oro en el Concurso Mundial de Bruselas. Desde que hace 14 años comenzaron a elaborar txakolis respetando las raíces pero apostando por la diferencia, pensaban que esa era una buena meta.

Bodega Gorka Izagirre

Dirección
Barrio Legina (Larrabetzu).
Teléfono
946742706.
Web
www.gorkaizagirre.com.

Hecho. Ocurrió el lunes. El Gorka Izagirre 2018 hizo realidad el sueño. Pero eso, que por sí solo debería ser noticia, quedó relegado casi a algo secundario en la noticia. Que fue que otro de sus vinos, el 42 by Eneko Atxa 2015, se llevó la Gran Medalla de Oro y el Trofeo al Mejor Vino Blanco. Del mundo mundial. Entre más de 9.100 de 46 países. Es la primera vez que un txakoli de la D.O. Bizkaiko Txakolina –uvas de Amorebieta y crianza en lías en Larrabetzu– obtiene esta calificación.

El tiempo gana

«Con eso sí que no soñaba», se ríe Calvo mientras prueba los que ahora están en los depósitos; el próximo 42 «hace un mes estaba para embotellar en un mes». Ahí sigue, en un mes, quizá. Se verá siguiéndole la pista cada día, esperando, escuchando.

El premio es un reconocimiento a esta bodega que «vino» a «hacer vinos diferentes, de guarda, de crianza en madera y con lías, vinos que ganasen con el paso del tiempo». Por eso el 80% de las viñas que alquilan y trabajan –siempre de orientación sureste para recibir el sol de la mañana, con buena aireación y en pendiente– es de la variedad Hondarrabi Zerratia y el 20% restante, Hondarrabi Zuri. Al revés que la mayoría. «Esta variedad da más matices, más estructura. La discusión ya no es si aguanta más del año o no, sino qué añada es mejor».

El 42 es cien por cien Hondarrabi Zerratia, elaborado con uva del viñedo Urizar en Amorebieta. «Y el mosto se fermenta y se cría con sus lías seis meses en una barrica gigante de roble francés. Así controlamos más el aporte de la madera al vino. Se trata de unir la madera respetando la variedad», explica el enólogo. Son 7.000 botellas al año y del ganador, el de 2015, «probablemente tengan más nuestros clientes que nosotros en bodega». Otro txakoli novedoso es Ama, producto de «fechas especialmente cálidas» y de la observación en viñedo.

Calidad antes que cantidad

«Dejamos madurar a la Hondarribi Zerratia a ver a dónde llegaba. Vimos que acumulaba azúcar pero llegado un momento no perdía acidez, así que nos daba la razón en que podemos hacer grandes vinos de guarda, que aguanten el paso de los años». Eso sí, con un rendimiento bajo de la viña: 4.500 kilos de uva por hectárea. «Apostamos desde el principio por la calidad y no por la cantidad».

Así se llega a ganar medallas en el Concurso Mundial de Bruselas pese a que haya quien todavía, en el 25º aniversario de la creación de la Bizkaiko Txakolina, siga teniendo prejuicios contra este txakoli. «Para abrir mentes, abrir botellas», anima Calvo. Y asegura que «es un premio que ha recibido esta bodega pero que es para todas porque han sido 25 años de evolución continua. Yo ya estaba entonces. Recuerdo lo que hacíamos, con toda la voluntad, y veo lo que hacemos ahora… y la evolución ha sido fantástica».

Hay que ir aun más atrás en el tiempo para encontrar la imagen 'primigenia' del enólogo, que es la de una visita a una bodega encabezada por el tío Tomás, el que cada año reunía a mayores y pequeños en su casa con motivo de la vendimia, el primer mosto, el comienzo del nuevo txakoli. «Era una fiesta», recuerda el sobrino. El caso es que cuando él tendría 6 o 7 años, fueron todos a Marqués de Riscal y allí, en los viejos calados, abrieron una vieja puerta y sacaron de allí una vieja botella… El silencio y la expectación y las tenazas calientes y «yo mirando para arriba sintiendo que me estaba perdiendo algo importante». De aquella «experiencia casi mística» a decidir estudiar Enología muy joven y meterse de lleno en un mundo, el del txakoli, convencido como Gorka Izagirre de que había que hacer vinos «diferentes», para beber en unos años.