Garikoitz Ríos: «El futuro está en los vinos de crianza»

Garikoitz Ríos: «El futuro está en los vinos de crianza»
MAIKA SALGUERO

Itsasmendi celebra su 25 aniversario con el estreno de su bodega en Gernika, que vendimiará en 15 parcelas diseminadas por Bizkaia con el propósito de que «cada una aporte su carácter»

ELENA SIERRA

Nada será igual para Itsasmendi a partir de la próxima vendimia. Para entonces, esperan que el nuevo edificio de la bodega, en la punta de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai (Gernika), esté ya listo y aunque no se inaugurará oficialmente hasta primavera, sin duda el cambio se notará mucho. No será en los vinos, claro, pero de cara a las visitas y a la capacidad de desarrollar nuevas ideas, sin duda. De hecho, se nota ya: el edificio en construcción en la parte baja del viñedo de Gernika, encima del río que separa esta localidad de la vecina Muxika, no tiene nada que ver con el espacio en el que llevan elaborando los vinos desde 2003, en un pabellón industrial junto a la carretera. La cantidad de permisos y burocracia necesarios para trabajar en este rincón protegido de Bizkaia, en el que tanto se inspiran para realizar su tarea, había sido hasta ahora un obstáculo.

Itsasmendi

Dirección
Arane, 3 (Gernika).
Teléfono
946270316.
Web
bodegasitsasmendi.com.

Ya no. Y llega en un momento de aniversario redondo: 25 años en el tajo. «Será nuestra 25ª vendimia». Antes estuvieron en Muskiz, el pueblo natal del director técnico, Garikoitz Ríos; allí fue donde comenzó su contacto con la tierra, en el caserío de los tíos, y allí fue donde empezó a soñar con una bodega para la que de vez en cuando surgen nuevas ideas, productos distintos, colaboraciones con entidades de todo tipo. «Llegó un momento en el que tuvimos que decidir entre crecer o no, y optamos por no crecer –podríamos vender más botellas, el mercado lo pide–, sino por diversificar», explica Ríos.

Así es como han ido naciendo hasta siete txakolis diferenciados, como el que, en colaboración con el Bird Center de Urdaibai, homenajea en su etiqueta a las seis aves «joya» de la reserva; ese que se envuelve en una poesía o texto inspirado por el entorno y firmado por escritores como Karmele Jaio, o el Itsasmendi 7, que lleva en cada añada una foto de autor desde hace más de una década...

Claro que las etiquetas no se beben, dirá alguno; es cierto, lo que importa es el contenido de las botellas, y en las 250.000 que produce de media al año Itsasmendi, y que suelen consumirse en hostelería, caben líquidos muy distintos, resultado de muchos años de trabajo. Este se hace «con la idea de dignificar el trabajo de la tierra y de respetar una tradición ancestral» al tiempo que se va experimentando para hacer de un vino que parecía que solo podía ser joven, uno que aguanta los años que le echen. «El futuro está en los vinos de crianza».

Mantener la acidez

Las uvas son hondarribi zuri zerratia y hondarribi zuri en más de un 90% de los viñedos, más una parte de riesling, que a Ríos le gusta «mucho», y otro poco de izkiriot handi –o gros manseng– por su grado de acidez. «Para nosotros es vital mantener la acidez, es nuestro hilo conductor». Lo interesante de esta bodega, aparte de su sede gernikesa es que tiene diseminadas las viñas por más de media docena de municipios vizcaínos.

Las instalaciones fueron hace no mucho una explotación ganadera con seis hectáreas de viñedo y cuatro de bosques de encina y de roble, con unas vistas impresionantes, una pareja de patos que cada año anida en el bosquecillo de la parte baja y diversas viejas construcciones (pajar, ermita, las ruinas de una tejera, hasta una antigua prensa de más 200 años que demuestra, como los nombres de las parcelas en las escrituras, que en esta zona había uva hace mucho tiempo).

Diversidad

Comenzaron a mediados de los años 90 con tres hectáreas iniciales en Muskiz, Bakio y Mendata (y una producción de 25.000 litros entonces) y ahora trabajan 15 parcelas, un total de 35 hectáreas. Ninguna en propiedad. Alquilan por 21 o 50 años, eligiendo muy bien en función de los tipos de suelos, las orientaciones, las lluvias. Lo que consiguen con eso es «que no sea una producción homogénea, que sea todo distinto y que cada parcela aporte su carácter». Por eso, han llegado a elaborar el vino de cada parcela por separado y hacer un coupage de unas cuantas, y el resultado es el Itsasmendi 7 (el de las fotos). «Pero como veíamos que se perdían algunas cosas que nos interesaban de ciertas parcelas, decidimos además hacer el '7.', que es un subproyecto, con unas mil botellas por parcela antes de mezclar. El 7.7 es Gernika, el 7.1 es Leioa, hasta 7.9 tenemos», explica el director técnico.

Con tanta diversidad parcelaria, lo normal es que una visita a Itsasmendi pueda acabar casi en cualquier punto del mapa, pisando la tierra. «No hacemos grupos grandes, tratamos de que sea todo muy personalizado».