Epikuria: «El vino hay que beberlo, no entenderlo»

Patxi Zabala, Iñaki Suárez y Roberto González. /FERNANDO GÓMEZ
Patxi Zabala, Iñaki Suárez y Roberto González. / FERNANDO GÓMEZ

Este fin de semana podrás ver en acción en el Enkarterri Fest de Zalla a estos tres sumilleres que se sirven de 'La vida de Brian' para difundir su pasión por la enología

ELENA SIERRA

Epicúrea: «del epicureísmo o relacionado con ellos», es decir, con la doctrina filosófica que tiene como base que «el placer constituye el bien supremo y la meta más importante es la vida tranquila». Epikuria: «red tejida, en principio, por tres sumilleres y gastrónomos que dan rienda suelta a su pasión por el vino y la comida de forma creativa para poder compartir lo que saben con cuanta más gente mejor». Y para compartir, todo hay que decirlo, invitando al disfrute, lo lúdico, el entretenimiento. Lo que los de Epikuria proponen, por lo tanto, no es una cata al estilo tradicional; probablemente en sus eventos no se oirá hablar del ph. Pero más de una persona saldrá con conocimiento sobre el vino, y no solo. Porque en sus creaciones se habla de Historia, de cine, de arte, de viajes...

La cita que propone Epikuria en el programa del Enkarterri Fest Gourmet Festival, este fin de semana en los jardines el Ayuntamiento de Zalla, es un buen ejemplo de todo esto que Iñaki Suárez, Patxi Zabala y Roberto González hacen juntos desde hace cinco o seis años; se conocen desde hace más de 25, pero fue recientemente cuando se decidieron a poner en pie algunas locuras o «un sueño colectivo en el que se hacen las cosas con voluntad y cariño, cada uno con su lenguaje y su experiencia», como dice Suárez.

Entre todas las actividades previstas en esta edición, con más de 40 expositores, catas, talleres, showcookings y actuaciones musicales y de magia, están los cuatro pases de 'Probando, probando... Vinos de cine', una cata con performance y maridaje con pintxos con la que Suárez, Zabala y González quieren hacer «un juego, algo divertido». Se trata de «romper la barrera, que no sea algo tan serio y que nadie pueda decir 'no entiendo'. Lo que hace falta con el vino no es entenderlo, sino beberlo, comentarlo y probar las variedades».

Películas y copas

Este año otro sumiller, Mikel Díaz de Argandoña, es el encargado de hacer de maestro de ceremonias, de presentador de las películas. Para empezar, un 'sketch' de 'La vida de Brian', esa gran película en la que los judíos discuten qué narices les han aportado a ellos los romanos... para terminar enumerando desde el alcantarillado hasta, claro, el vino. 'A good year', donde se descubre que un Chardonnay californiano puede ser mejor que uno francés, y 'Entre copas', son otras dos de las referencias audiovisuales.

Cada una sirve para pasar a catar un vino diferente, comentados por el que fuera el sumiller de la Sociedad Bilbaína durante 50 años Roberto González, y con el vino, un pintxo. Zabala, el encargado de elaborarlos y presentarlos, dice que se trata de «crear un lenguaje y una chispa que haga que la gente se acerque. Si no, no vienen». Aunque ellos no tienen problemas: en las tres ediciones anteriores en las que han participado siempre de forma lúdica y didáctica –con paseo gustativo por el Duero, recuerdo a los grandes descubridores con vinos de distintos puntos del mundo y recorrido con burbujas por el cava– las entradas se agotaron en 30 minutos. «Sorprendente. Hace ilusión», remarca Suárez, que este año no estará físicamente en la cita.

Un lenguaje mágico

Por si quedaran aún entradas para alguno de los cuatro pases (se consiguen en el Ayuntamiento, hay 25 plazas por sesión y estos 90 minutos del maridaje cine+vino+comida cuestan 5 euros), hay que decir también que vienen acompañados de música, la que pone el 'crooner' Ricardo Benito. Acepta peticiones, pero de momento ya se sabe que una de las canciones será una versión de 'La vie en rose' en inglés.

Es otra de las miradas por las que se puede llegar a disfrutar de una experiencia enogastronómica, como explica Suárez, que le da también mucha importancia a la imagen (responsabilidad de Esther Díez). «La aportación de cada uno crea un lenguaje mágico». Sin olvidar, que para algo le han dedicado tanto esfuerzo, «que el protagonista siempre es el vino», añade Roberto González.

–Y oye, Iñaki, ¿qué aporta cada uno de los tres sumilleres al colectivo?

–Roberto es escuela, un referente con esos 50 años trabajando en un espacio que ha sido escuela clásica y de rigor. Patxi es pasión y conocimiento profundo, y esto a mi alrededor no abunda, hay mucha pose y poco conocimiento. Y yo soy el farandulero, el que siempre está trabajando la trama colectiva.