Una coctelería flotante en el Nervión

Una coctelería flotante en el Nervión
JORDI ALEMANY

La plataforma sobre la ría se ha convertido en un aliciente para el copeo al que se llega en barco, en moto acuática o a pie

ELENA SIERRA

:: Elena Sierra

Se juntan dos ingenieros de caminos con ninguna relación laboral o familiar con el sector hostelero –la otra, la del ocio, se le supone a casi cualquiera– y deciden que van a abrir un local flotante en la Ría de Bilbao. Se sospecha que, en realidad, lo que atrajo a Javier López y Óscar García hacia el insondable mundo de la hostelería fue el atractivo de lo de flotante, el reto de construir algo así, nunca visto en Bilbao hasta que lo imaginaron ellos. «Es posible», se ríe López ahora, dos años y medio después de haber comenzado a darle forma a El Cargadero de Bilbao, esa plataforma de 15 toneladas y capacidad para cien personas sobre el agua que puede presumir de ser la única en su especie en la ciudad y en muchos kilómetros a la redonda. «Hemos visto algo parecido en Oporto y en Venecia, pero no igual», dicen.

Presume también de «coctelería que es una maravilla» y de «unas vistas que cada día son distintas. La Ría cambia cada día». Da fe la cuenta de Instagram de El Cargadero, llena por igual de atardeceres que de contrastes entre el barrio de Olabeaga y San Mamés como fondo o de las obras de Zorrozaurre. Esos son los paisajes que asoman siempre por detrás de las copas, para cuya elaboración cuentan con más de 200 referencias de ginebras, rones, vodkas y whiskies, incluidos esos «japoneses que están pegando muy fuerte»; la carta de cócteles cambia según la temporada. «Ahora el mojito es espectacular, con hierbabuena como de la huerta, o la piña colada. Son muy veraniegos», recomiendan. E invitan a hacerse cada cual su 'No rules': le indicas al barman qué te gusta o qué quieres mezclar, y te lo prepara. El precio medio, 9 euros.

El Cargadero (Bilbao)

Dónde
Entre el palacio Euskalduna y Olabeaga.
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Horarios
Abre todos los días desde las 11.30 horas. Los lunes, desde las 16.00. El cierre depende del día de la semana.

Un vistazo al pasado

Copas y espacio «van de la mano». Los 150 metros cuadrados de la plataforma, levantada por estos ingenieros sobre unos pilares que se hunden en el fondo de la Ría, son un homenaje a ese curso de agua al que los bilbaínos le han dado la espalda durante tantos años. «La historia de Bilbao se ha basado fundamentalmente en esto, ahí estaban los astilleros y las empresas auxiliares, el protagonismo era suyo, y había quedado como algo secundario. Vimos ese potencial y quisimos explotarlo. Hay un turismo que lo demanda ya», explica López, que además sigue trabajando como perito. «Hemos sido los primeros, pero habrá más».

El negocio se demostró tan bueno que hace un año inauguraron su propio pantalán. Los clientes pueden atracar en esos 36 metros de amarre junto a la plataforma y llegar por el agua hasta el local. A uno de Bilbao de toda la vida le dará por pensar que eso lo harán cuatro gatos, pero en El Cargadero ya han tenido 'overbooking'. «Nos ha sorprendido mucho: vienen en barco, se toman algo y siguen la excursión. O en moto de agua. También hay quien se acerca en barco a ver los fuegos artificiales en Aste Nagusia». Así que aunque el pantalán tiene bastante capacidad y se puede abarloar –que vendría a ser como aparcar en batería y no en línea–, ya ha habido fines de semana en que estaba completo.

Un velero personalizado

Para quien no tenga su medio de transporte acuático pero quiera probar la experiencia, resulta que ahora El Cargadero tiene su propio velero, y personalizado. Es la novedad de este verano. Planean realizar viajecitos hasta Rontegi, el Puente Bizkaia y El Abra para disfrutar del atardecer mientras se paladea alguna de las copas; comenzarán con estos paseos en barco, para grupos de cinco personas, a partir de la segunda semana del mes.

«Ya no hace falta irse a locales de la costa para tener todo eso y desconectar», animan los dos socios. Si se prefiere estar con los pies casi casi en tierra firme, en la plataforma el atardecer bilbaíno puede venir acompañado, aparte de la coctelería, el champán o un crianza, de algo de picoteo (ensaladilla rusa, patatón con guacamole, jamón 5 jotas, pintxos en fin de semana y «todo de primera»). «Aquí sale un buen día de sol en febrero y se llena. Y la gente desconecta con las vistas», aseguran. Y si llueve, se abren los toldos y todo el mundo queda a resguardo.