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El Athletic y el coñac

Postal publicitaria de Zugazabeitia y Legarra (1958). /Todocoleccion.net
Postal publicitaria de Zugazabeitia y Legarra (1958). / Todocoleccion.net

Con la polémica sobre el consumo de alcohol en San Mamés aún reciente, recordamos cómo diversas marcas de destilados se aprovecharon de la imagen del club para promocionar sus productos

ANA VEGA DE ARLUCEA

Ni una gota. Ni una desde quince minutos antes del encuentro hasta quince minutos después, eso es lo que marca la directriz sobre venta y consumo de alcohol en las competiciones deportivas y por tanto en el campo de San Mamés. Polémicas de VIPS y rugby aparte, claro está. Pese a que ya no sea posible sacar la bota de vino o echarse un trago al coleto entre gol y gol, el Athletic tiene actualmente su vino oficial (Viña Pomal) y hasta su champán oficial (Champagne Ayala), manteniendo así la larga tradición que une al club con la elaboración regional de destilados.

Otro día hablaremos de la txirenísima historia del agua de Bilbao, relacionada también con un partido del Athletic, pero hoy nos dedicaremos a repasar la estrecha amistad comercial que vinculó a los leones con el coñac, cognac, brandy o aguardiente de vino, que lo mismo es. Puede que este destilado de alta graduación esté ahora un poco pasado de moda, pero en su momento fue una de las bebidas alcohólicas más populares en Bilbao. Solo, con hielo, con café o mezclado con otros licores, el coñac se consumía masivamente y se elaboraba en la misma ciudad de la mano de destiladores como Barbier, Tejada, Gorostiaga o Zugazabeitia y Legarra. Esta última marca se creó el 15 de julio de 1918 y aún sigue, cien años después, domiciliada en el mismo lugar: la calle Bailén. Allí estuvo desde el principio su «depósito de licores, vinos de postre y champagnes», junto a las Bodegas Bilbaínas y allí almacenaba y vendía sus coñacs más conocidos, Bisabuelo y El Abuelo.

Bisabuelo, «gran coñac viejísimo solera especial», se envejecía en barricas de madera de roble procedentes de Nancy (Francia), y era la joya de la corona de Zugazabeitia y Legarra. Es el producto del que más publicidad hicieron y el que decidieron asociar con el Athletic en los años 50. De 1951 es un precioso cartel en el que se ve a un equipo infantil vestido de rojiblanco y admirando la foto de una antigua alineación del club. «Los de ayer, los de hoy, los del mañana, siempre están con los mejores… Si se pierde o se gana se admira a los leones…». En 1958 y con la emoción de haber ganado el campeonato de Copa al Real Madrid (la famosa copa de los once aldeanos), Zugazabeitia y Legarra se vino arriba y sacó calendarios, banderines y postales que rememoraban la hazaña.

En medio del campo se ve a los once jugadores vestidos literalmente de aldeanos sujetando la copa. Junto a ellos, un león con txapela y camiseta rojiblanca está a punto de zamparse a un puñado de madridistas, escoltado por dos botellas de coñac. El escudo del Athletic (ojo que pone Atlético) en una esquina y una poesía con dudosos pareados completan la escena: «Estos son once aldeanos, ninguno de importación, que han hecho con su coraje al Atlético campeón. Como siempre la cantera va emprendiendo su alto vuelo y también en los coñacs ha triunfado El Abuelo». Está metido con calzador, pero qué quieren ustedes.

Por si esto fuese poco, Soberano, el brandy de Jerez de González Byass que era «cosa de hombres», sacó en los 60 una campaña con señoritas llevando camisetas de distintos clubes de fútbol. Con un balón en una mano y el pimple en la otra, aquella rubia hacía ojitos a los más futboleros y cómo no, lucía también boina calada.

Más curiosa aún es una botella de brandy con forma de pierna, bota incluida, con los colores del Athletic y que seguramente todos ustedes querrían poseer para echar unas risas al abrir el mueble-bar. Ésta y otras aún más bizarras, en forma de jugador de cuerpo entero, se pueden encontrar en tiendas de segunda mano y coleccionismo.

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