Antiguas costumbres culinarias del día de Reyes

Familia en la puerta de un caserío de Amorebieta./Indalecio Ojanguren. GureGipuzkoa CC BY-SA
Familia en la puerta de un caserío de Amorebieta. / Indalecio Ojanguren. GureGipuzkoa CC BY-SA

Igual que por Navidad o Nochevieja, la fiesta de Epifanía implicaba antiguamente en Euskadi ciertas tradiciones gastronómicas hoy olvidadas

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

Han pasado ya las fiestas navideñas, pero no es malo echar un vistazo atrás para recordar algunas tradiciones, porque, ya nos traigan los regalos el Olentzero o los Reyes Magos, lo que no perdonamos el día 6 de enero es el roscón a pesar de que los zapatos aparezcan vacíos. Muchos lo compran en La Peña Dulce, Artepan o Sosoaga en Vitoria, o lo encargan en Gure Ogia (Mungia), Zuricalday (Getxo) o La Suiza, Don Manuel y Arrese si hablamos de Bizkaia. También hay quien se anima a hacerlo en casa con mayor o menor éxito aunque siempre con la satisfacción de comer un producto salido de sus propias manos.

Pero, ¿qué es lo que se comía antiguamente en Reyes? Recordemos que la tradición del roscón comenzó en Madrid a finales del XIX y que no llegaría a las capitales vascas hasta las primeras décadas del siglo siguiente, siendo un producto eminentemente burgués y urbano. En el campo la fiesta de Epifanía se celebraba de una manera más sencilla, manteniendo en el mejor de los casos el menú de las fiestas navideñas compuesto por berzas con aceite, bacalao, caracoles o pollo, intxaursaltsa y compota de manzanas con frutos secos. En algunos pueblos nos encontramos con tradiciones ya desaparecidas como la mokotxa, un pan con adornos en la corteza que regalaban los padrinos a sus ahijados en Forua o con la anguila de mazapán que era costumbre obsequiar el 6 de enero en Treviño.

En Bedia y otros pueblos vizcaínos los niños iban a cantar por las casas, donde a cambio les daban pan o galletas. Según los estudios etnográficos del padre Barandiaran el día de Reyes los hombres convidaban a las mujeres haciéndoles un pequeño obsequio de vino, refrescos o dulces. Habían sido ellas quienes seis días atrás, en Año Nuevo, les invitaran a ellos, siguiendo la costumbre citada en el dicho «Urtebarri, andrena; Errene, gisonena» o «Año Nuevo de las mujeres, Reyes, de los hombres».

Es sin duda en Erroibar (Navarra) donde encontramos la tradición más pintoresca relacionada con la mesa de Epifanía. La víspera de Reyes se juntaba toda la familia alrededor de la mesa para elegir mediante una baraja de cartas quién sería el rey o reina de esa noche, de forma parecida a como se usaba en otras zonas el haba del roscón. Sobre la mesa se ponían dos platos simbolizando el de Dios y el de la Virgen, y se iban repartiendo las cartas hasta terminar la baraja entre esos platos y los miembros de la familia: primero Dios, luego la Virgen, después el padre, la madre y los hijos de mayor a menor.

Quien sacara el as de oros (o de espadas, según versiones) era nombrado rey o reina y le correspondía ser servido el primero en la cena además de, en algunos casos, comer en plato de porcelana mientras que los demás utilizaban el puchero común o la diaria vajilla de barro. El rey o reina debían convidar o preparar el desayuno del día siguiente, y en el caso de que el as hubiera caído en el plato correspondiente a Dios o la Virgen, el desayuno lo pagaba la familia entera.