No se agobie tanto con el colesterol

No se agobie tanto con el colesterol

La presencia en la sangre de la llamada 'grasa mala' no debe preocuparnos si no se acompaña de otros riesgos añadidos como estrés, diabetes, tabaquismo, hipertensión...

FERMÍN APEZTEGUIA

Nos vuelven locos con el colesterol. Entre los asteriscos en los informes médicos, que ya impresionan, y esos anuncios de televisión que lo presentan como el hombre del saco, vivimos agobiados con lo que en realidad es una sustancia vital para la salud humana. ¿Sabía usted que esa grasa con fama de asesina es esencial para la formación de las membranas celulares? No lo sabía. ¿Y se imaginaba que el colesterol es fundamental en el proceso de producción de las hormonas sexuales, la función de los riñones e incluso en la digestión de los alimentos más grasos? Ni se lo imaginaba, porque el colesterol es el malo de la película. Lo que nos han contado de él es que mata a base de enfermedades cardiovasculares, que son la segunda causa de muerte entre los vascos y la primera en España. Y aunque es verdad, es sólo una verdad a medias.

Más del 50% de la población de Euskadi tiene niveles de colesterol por encima de los 200 miligramos por decilitro (mg/dl) de sangre, lo que en teoría se supone que es una referencia alta.La frontera del peligro, la que nunca se debería cruzar. Es decir, que si nos basáramos exclusivamente en los niveles de colesterol podríamos concluir que más de la mitad de los vascos tiene un riesgo elevado de padecer un infarto.Pero en absoluto es cierto, según detalla el médico de Atención Primaria Ricardo San Vicente, que coordinó a través de la agencia vasca Osteba la guía del Ministerio de Sanidad 2017 sobre el manejo de los lípidos (las grasas) como factor de riesgo cardiovascular.

La explicación

Ésa es, en realidad, la idea que la industria ha logrado introducir en la población con el objetivo de venderle un poco de todo. Desde pastillas contra el colesterol, que son un auténtico negocio, hasta yogures enriquecidos con bífidus, lactobacilos y otros bichos capaces de mantener a raya el que nos presentan como el peor enemigo de nuestra salud. Apúntelo bien:el nivel de colesterol, para una persona normal, que nunca haya sufrido un accidente vascular, sin otros posibles riesgos, no representa por sí solo amenaza. ¿Respira más tranquilo? Hágalo, que tiene razones para ello.

El colesterol, por encima de esos 200 mg/dl famosos, puede ser un problema si resulta además que el paciente es una persona sedentaria, que practica poco o ningún ejercicio, con altos niveles de estrés, una tensión arterial elevada, es diabético y fuma. A la hora de calcularle el riesgo de infarto, su médico también tendrá en cuenta si se es hombre o mujer, la edad y lo que se conoce como antecedentes familiares. La tenencia de unos padres con problemas vasculares y el momento en que los sufrieron puede resultar determinante. No hace falta tenerlo todo, como detalla el especialista de la asociación vasca de médicos de familia Osatzen, pero la suma lo va complicando.

Cambios de criterio

Otra cosa distinta es que uno se haya enfrentado antes a un infarto y que de repente se le dispare el nivel global de colesterol, la suma de lo que llaman el bueno (HDL) y el malo (LDL). Esa, en buena lógica, es una situación distinta; ahí sí se pueden encender las luces de alarma, pero mientras no ocurra, no pasa nada. «Prueba de ello es que los países nordicos, que usan nuestra misma escala, tienen el triple de accidentes vasculares», argumenta Ricardo San Vicente. ¿Por qué? Por lo dicho. En un infarto no sólo influye el nivel de colesterol en sangre, sino el estilo de vida, la dieta, el ejercicio, los genes...

En los años 80, el consenso médico, una doctrina que generalmente parte de Estados Unidos, fijaba el nivel máximo recomendado de colesterol en sangre en 260 mg/dl. Esa cantidad se rebajó en la década siguiente a 240 y con el cambio de siglo, a 220 primero y a 200 después. La paulatina corrección de la medida debería servir, en teoría, para reducir la cifra de infartos, pero lo s más críticos dicen que esa ecuación no es del todo cierta. Si busca una certeza, contra el infarto, lo mejor es una vida sana. ¡Ah, y tranquilidad!