Sin pistas sobre la desaparición de Natalia Sánchez, estudiante de Erasmus en París

La Policía francesa investiga el paradero de la joven mallorquina, cuyo rastro se perdió hace una semana cuando iba a mudarse tras expirar su contrato de alquiler

PAULA ROSAS

Muy pocos habían oído hablar ayer de la desaparición de Natalia Sánchez Uribe en su facultad en París. En el enorme edificio de la Escuela de Ciencias Sociales de la Sorbona, ni un solo cartel con la foto de la estudiante mallorquina alertaba de que su rastro se perdió el pasado miércoles. Su mochila, con su ordenador portátil y su móvil, fue encontrada en un parque cerca del edificio donde cursaba Economía con una beca Erasmus y ayer, entre el ajetreo de los exámenes parciales, muchos alumnos se sorprendían al conocer la noticia.

La Policía francesa sigue investigando el paradero de Natalia, cuyo rastro se perdió el pasado 1 de mayo cuando la joven, de 22 años, se encontraba en plena mudanza. Su contrato de alquiler vencía ese mismo día, y ella había quedado con el propietario del piso en entregarle las llaves del apartamento, situado en la calle Paul Fort del distrito 14 de París al día siguiente. Natalia llevó dos maletas a casa de una amiga española y volvió para recuperar una tercera, según dijo a Efe una de sus amistades, pero no regresó. Ayer, Angelo, el propietario italiano del apartamento, acompañaba a la Policía en un registro del piso, en una tranquila calle residencial donde casi ningún vecino decía conocerla.

Los padres de Natalia, originarios de Granada pero residentes en Mallorca, se han desplazado a París para seguir de cerca la investigación abierta por la Policía francesa con apoyo de la Guardia Civil española. La familia está recibiendo asistencia consular, principalmente «apoyo moral», señalaron fuentes diplomáticas. Ante la enorme atención mediática que está recibiendo el caso en España, el padre de la joven pidió ayer discreción y que lo ocurrido no se convierta en un «circo».

Observada y perseguida

La chica había confesado a una amiga hace varias semanas que se sentía «observada y perseguida», pero ésta, según Efe, no le había prestado demasiada atención porque Natalia era, según ella, algo asustadiza. Al parecer, la estudiante, que llegó a París el pasado septiembre, no había hecho muchos amigos y se sentía algo sola, aunque las imágenes que ella misma colgó en sus redes sociales muestran a una joven alegre y activa, con una vida como la de cualquier otra chica de su edad.

Una de las pocas pistas que se conocen hasta ahora la difundía la oficina de Erasmus de la facultad, que el lunes por la mañana envió un email a los estudiantes asegurando que se había encontrado la mochila con sus pertenencias y pedía que se pusieran en contacto con el centro si tenían algún tipo de información sobre la joven. Amayas Moustapha, estudiante de Matemáticas Aplicadas, fue uno de los que recibió el mensaje y ayer manifestaba a este diario su sorpresa: «La noticia nos ha dejado muy preocupados, espero que la encuentren pronto». No obstante, la mayor parte de los alumnos que ayer habían oído hablar del caso se enteraron por las redes sociales, donde la Fundación QSD (Quién sabe dónde) Global, difundió una alerta con la desaparición de Natalia, y una descripción: «1,62 metros de estatura, piel morena, pelo castaño claro y un piercing en la nariz». El mensaje, del que apenas se han hecho eco los medios franceses, está siendo compartido sobre todo por la comunidad española residente en París.

La universidad, por el momento, no ha activado ningún tipo de protocolo y desde la dirección reconocieron ayer que es la primera vez que se enfrentan a un caso como este. Ayer, ni siquiera el jefe de seguridad de la facultad de Ciencias Sociales, Raphael Quintero, había oído hablar del caso de Natalia. Otro agente de seguridad dijo recordarla, aunque no la conocía personalmente. «Me parecía una chica muy simpática».