Merkel y Macron marcan el camino a la UE

Merkel y Macron sembraron de expresiones de afecto mutuo la ratificación de su compromiso de cooperación./EFE
Merkel y Macron sembraron de expresiones de afecto mutuo la ratificación de su compromiso de cooperación. / EFE

Berlín y París dan un nuevo impulso a su vínculo bilateral y lo ofrecen como ejemplo a cuatro meses de las elecciones europeas

JUAN CARLOS BARRENACorresponsal. Berlín

Alemania y Francia renovaron ayer su compromiso de amistad y su apuesta por una Europa unida en un momento decisivo para el continente, cuando su cohesión es necesaria para competir en un mundo globalizado con potencias como Estados Unidos, China o Rusia y cobran fuerza los movimientos populistas que cuestionan la UE y defienden políticas nacionalistas. «Reafirmamos que afrontaremos de la mano los grandes retos de nuestro tiempo», dijo la canciller federal, Angela Merkel, durante la ceremonia para la firma del nuevo tratado de amistad bilateral en el Ayuntamiento de Aquisgrán junto al presidente francés, Emmanuel Macron. El documento es la respuesta conjunta de ambos países al creciente populismo y nacionalismo, señaló la canciller, quien subrayó que en estos «tiempos especiales» se necesitan respuestas decididas, inequívocas, claras y con visión de futuro.

«Unidad, solidaridad, cohesión. Estos son los puntos claves del tratado. Europa no sobrevivirá si no estamos unidos. Morirá. Alemania y Francia tienen la responsabilidad de crear las herramientas que determinen la soberanía real de Europa, en defensa, seguridad, espacio aéreo, migración, gestión económica y cambio en el mundo digital», destacó a su vez Macron.

LA CLAVE

Integración y patriotismo.
«Amamos nuestras patrias pero también amamos Europa», dice el presidente francés en Aquisgrán

La amistad francogermana, los proyectos y metas comunes hacen posible que «nuestras vidas se encuentren en nuestras propias manos y que podamos construir libremente nuestro destino», dijo el máximo mandatario galo, para el que el amor a la patria y la integración europea no son una contradicción. «Amamos nuestras patrias, pero también amamos Europa», afirmó Macron, para quien no se trata de realizar el sueño de un nuevo imperio sino de desarrollar un proyecto democrático. Cuatro meses antes de las elecciones a la Eurocámara, advirtió además de peligros para la iniciativa europea como la salida de Reino Unido de la UE o los nuevos nacionalismos.

Suscrito en el 56 aniversario de la firma del Tratado del Elíseo por el entonces presidente de Francia, Charles de Gaulle, y el canciller federal, Konrad Adenauer, el nuevo tratado de amistad «sobre la cooperación e integración francogermana» formula por primera vez objetivos concretos y planes para su ejecución. Mientras el viejo tratado buscaba sanar las heridas del pasado y reconciliar a dos pueblos que se habían combatido en las guerras mundiales, el firmado en Aquisgrán aspira a enfrentar los retos del futuro fortaleciendo la cooperación.

Cooperación militar

El nuevo documento establece que ambos países refuerzan su colaboración, entre otros capítulos, en política europea y proyectos de armamento, a la vez que consensuarán sus políticas exterior y de seguridad. Francia y Alemania se comprometen a coordinar más estrechamente aún sus posturas ante las grandes cumbres europeas y a celebrar «consultas a todos los niveles». Además quieren formar un espacio económico francoalemán que elimine obstáculos burocráticos entre ambos países, estrechar la colaboración en sanidad, cuestiones transfronterizas, electromovilidad y educación, facilitando las convalidaciones y los estudios bilingües. Muy importante es la cooperación militar con reglas comunes para la exportación de armas, el desarrollo conjunto de armamento y el compromiso de apoyo bilateral «en el caso de un ataque armado».

Ambos gobiernos acuerdan con la entrada en vigor del nuevo tratado la puesta en marcha de 15 proyectos de ejecución inmediata como el cierre de la planta nuclear gala de Fessenheim, junto a la frontera alemana, iniciativas ferroviarias transfronterizas, propuestas comunes de estándares europeos para regular los servicios financieros o la creación de un grupo de trabajo sobre política energética.

Falsedades ultras

La firma del nuevo tratado fue celebrada por las fuerzas políticas de ambos países, con excepción de populistas y ultranacionalistas. Mientras en Francia la presidenta del Frente Nacional, Marine Le Pen, habló de «traición al pueblo francés» y calentó los resentimientos al afirmar falsamente que Macron estaba dispuesto a ceder la soberanía de Alsacia a Alemania, en la República Federal el líder de Alternativa para Alemania, Alexander Gauland, aseguró que la relación extraordinaria entre París y Berlín «no hará sino alejarnos más del resto de los europeos», mientras desde su formación se aseveraba que el aumento de la cooperación económica entre ambos países conducirá a que Alemania acabe pagando la deuda de Francia.

Abucheos a dos dirigentes debilitados

Hasta Aquisgrán, la capital bajo el imperio de Carlomagno, llegó el símbolo de la protesta social sin precedentes que desde hace más de dos meses atraviesa Francia. Decenas de personas, algunas con chalecos amarillos, abuchearon a Merkel y Macron en el exterior del Ayuntamiento de la ciudad fronteriza alemana.

Los distintos análisis sobre el acto de reafirmación de la amistad entre los dos países centrales de la UE no pudieron evitar constatar que el impulso a la unidad europea en tiempos oscuros de 'Brexit' y ultranacionalismos llega de la mano de dos dirigentes debilitados. Merkel cedió ya el liderazgo de su partido, la CDU, y vive la cuenta atrás para despedirse de la cancillería en 2021, en el mejor de los casos. Y Macron enfrenta un conflicto social que hace olvidar su arrolladora llegada al Elíseo hace menos de dos años.

París y Berlín se esforzaron por dejar claro que su acuerdo «no excluye a nadie», sino que representa una «invitación» para que otros socios se sumen a una colaboración estrecha. Pero el presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, no se guardó de decir que «el refuerzo de la cooperación en pequeños formatos no es una alternativa a la cooperación de todos en Europa».